Video-café y charla con Fran Beltrán

Por primera vez, y dadas las circunstancias, cambiamos el clásico café por una más que enriquecedora videollamada desde la distancia. Conectamos con el Mediterráneo, Alicante, para charlar largo y tendido en con Francisco Ruiz Beltrán, joven técnico alicantino conocido como Fran Beltrán.

Como jugador, hasta juveniles pasó por las canteras de Hércules CF y de Alicante CF, hasta que el decidió dejar el verde y pasarse a los banquillos tras un último año en el equipo juvenil de SDC Carolinas en Liga Nacional.

Ya como entrenador, y muy pronto compaginándolo con la faceta de jugador, pasó por el SDC Carolinas (alevín), Barrio Obrero (infantil) y Elche CF (infantil) como segundo entrenador en este último caso. Su salto al Kelme CF, y tras tres años en Cadete B y Cadete A durante dos años, le permitió la oportunidad de asumir el banquillo del Juvenil A en Liga Nacional, donde pudieron conseguir la salvación el primer año, ascender a División de Honor el siguiente y finalizar en quinto puesto su último año. Del Kelme CF a la Cultural Leonesa, como responsable de la plantilla de Liga Nacional Juvenil. De León a Murcia para asumir el Juvenil División de Honor del UCAM y posteriormente a Qatar, donde ejerció en su última etapa en los banquillos, como segundo entrenador del Al-Ahli en el staff de Rubén de La Barrera, al que había conocido en su etapa de León.

Compartimos…

 

FdB: ¿Por qué entrenador?

F.B: Yo creo que, como siempre, estamos muy condicionados por aquello que nos gusta, que nos despierta la curiosidad; y cuando me empezó a gustar esa figura, seguramente tuviera mucho que ver la explosión de Rafa Benítez con el Valencia, la aparición de José Mourinho con el Porto… entrenadores que no habían tenido esa experiencia como jugadores y que, a través del método, de la organización, de la táctica y del entrenamiento ofrecían una atención que previamente yo desconocía. Y ya como jugador, a mí esa figura era una figura que realmente me interesaba. Tanto por la parte de gestionar jugadores, como escoger tácticas, prever espacios de entrenamiento para poder llevar a cabo luego lo que quieres que sea tu equipo en el partido, la posibilidad de liderar un grupo humano… Todo ese tipo de cuestiones me generaban una atracción brutal. Fue una época, también, que coincide, yo creo, con el boom de internet, con el boom de los blogs, con más cuestiones o, digamos, estando más abiertos a recibir contenido táctico y me atrajo desde el primer momento.

 

«no hay decisiones buenas y malas sino que cada decisión te lleva a sitios diferentes.»

 

FdB: Cuando entrevistamos a Rubén me llamó la atención una respuesta y quería saber si te había pasado a ti lo mismo. Él nos contaba que había tomado la decisión de que se quería dedicar a esto y que elaboró una especie de plan sobre cómo hacer para poder llegar. Hablaba de, al no haber sido jugador y ser joven, veía que tenía que prepararse y basar su liderazgo en el conocimiento. Pasaba muchas horas cada día y afrontarlo como si estuvieras estudiando una carrera universitaria pero adaptado al fútbol. Yo no sé si tú te planteas un escenario parecido en el que decir: necesito hacer esto para a medio-largo plazo tener la posibilidad de llegar ahí.

F.B: Desde el momento en que dirijo mi primer entrenamiento, probablemente incluso antes, yo tomo la decisión de que yo quiero única y exclusivamente ser entrenador. De que no hay plan B. A partir de ahí tú puedes elaborar muchos planes, pero si algo he aprendido es que no hay decisiones buenas y malas sino que cada decisión te lleva a sitios diferentes. Yo por ejemplo, en mi última temporada en el Kelme, en División de Honor, en enero tuve la posibilidad de irme al Málaga en División de Honor. Y cuando estaba todo apalabrado y ya tenía un billete para irme allí, la Federación no dejó darme de alta porque entendían que era la misma categoría y en el mismo año no podías dirigir dos equipos de la misma categoría, aunque en este caso no había coincidencia en grupos. Finalmente termino esa temporada. Eso me llevó a León. León me hizo coincidir con Rubén. Estuve en UCAM Murcia… y al final, todas las decisiones que vas tomando te van guiando y te van aclarando para seguir. A partir de ahí hay cosas que no dependen de nosotros: como el club en el que vamos a estar, quién se interesa… y las cosas que dependen de nosotros, yo me lo tomo con una seriedad absoluta. He tenido la suerte y he tenido el interés para ir a ver entrenar a Pep Guardiola, estuve una semana en Valdebebas cuando estaba Mourinho, con Ancelotti… Yo era la primera persona, normalmente, en el campo de entrenamiento en León cuando iba a entrenar la Cultural de Rubén… Siempre he tenido esa curiosidad y ese interés. Prácticamente dedico las 24 horas de mi día a esto.

FdB: Haciendo un breve paso por tu trayectoria. Hay un club, y mencionabas antes, que te abre un poco hacia estas categorías, dentro de que es la base y no es profesional, pero más “profesional”, que sería el Kelme. ¿Cómo influye este club, y sobre todo, esas personas que dentro de ese club te rodean, para llegar a donde estás ahora?

F.B: La influencia del Kelme en mi corta carrera es absoluta e innegable. Yo llego allí, a una entidad que es muy potente a nivel de fútbol base en la Comunidad Valenciana. Con un grupo de captación liderado por Miguel Martínez y Javier Royuela, que me permiten contar con jugadores de mucha calidad, y además, me permite experiencias diferentes pero que la suma de las mismas me hizo alguien mucho más completo, porque, por un lado, tuve la experiencia de dirigir durante 4-5 años a una misma generación y clasificarnos para un Campeonato de España. Al mismo tiempo, hay un momento, al principio de la tercera temporada, donde después de haber tenido mucho éxito con una generación, me encuentro con otra completamente diferente. Tuve la experiencia de liderar un equipo a partir de febrero, sin ese espacio de pretemporada para hacerlo más a tu gusto. Viví la lucha de por la salvación. Al año siguiente viví un ascenso. Al año siguiente vivo un primer año, después de mucho tiempo, del Kelme en la categoría reina juvenil. Y obviamente, la suma de todas estas experiencias, y su vez, la gente que me rodeaba, me dio muchísimo, me aportó muchísimo. Nosotros en el Kelme trabajábamos con una estructura prácticamente profesional. Buscándonos la vida… nosotros, también con la ayuda del club, y con la ayuda de mi staff, cogimos un coworking cerca de la ciudad deportiva donde entrenábamos, con lo cual, podíamos hacer jornadas de despacho amplísimas hasta la hora del entrenamiento, grabábamos todos los entrenamientos, había información de partidos, evaluación de entrenamientos, teníamos informes del rival, conseguimos una plataforma de la que casi fuimos precursores de tal forma que los distintos equipos suben su partido los lunes para que se pudieran analizar… Y fue una experiencia fenomenal, que además no difiera mucho del número de horas y en medios de las que tienen en algunos cuerpos técnicos en categorías profesionales.

FdB: Qué diferencias encontraste cuando das el paso a un club, por una parte, profesional, como es la Cultural, y además emergente, porque empezaba a sonar de nuevo la Cultural a raíz del acuerdo con Aspire, los buenos resultados y ascenso a Segunda División… ¿Tú llegas cuando están en Segundad verdad?

F.B: Correcto. Yo llego cuando el primer equipo está en Segunda y el juvenil en Liga Nacional. Obviamente es un cambio, seguramente, más vital que profesional porque es el primer momento en que yo decido salir de casa. Me voy allí sólo. No tengo posibilidad, lo cual es lógico por los presupuestos que se manejan en fútbol base, de llevarme o integrar en el staff a gente de mi confianza con la que venía trabajando 3-4 años. Y obviamente hay un proceso de adaptación, pero finalmente yo creo que el fútbol es bastante similar, a veces independientemente de su contexto, estés donde estés. Y en la Cultural me encuentro, por un lado, un club muy ambicioso, con un proyecto a largo plazo muy interesante, con jugadores que llevan tiempo en la casa. A su vez era uno de los primeros años en que se invertía en jugadores que vienen de fuera… por tanto, todo es un poco nuevo. Era el primer año que el club disponía de pisos o residencia para jugadores. Todavía no se sabía muy bien cómo tratar, cómo ajustar y cómo adaptar todo, pero más allá de eso, me encuentro una estructura que ya está organizada, que ya está creciendo, una buena plantilla, una buena competición… y por ahí no hubo tantas diferencias.

FdB: ¿Cómo es ese paso de ser primer entrenador en fútbol base a integrarte en un cuerpo técnico y en fútbol profesional?

F.B: Sí. Yo creo que el hecho de haber sido, exclusivamente, durante toda mi etapa de fútbol base primer entrenador me vino muy bien para ser segundo entrenador. Porque yo consideraba que como primer entrenador era un técnico que trataba de ejercer un liderazgo bastante activo y que tenía muy definida la figura y la importancia de los contenidos de los cuales se responsabiliza el primer entrenador. Y precisamente eso me facilitó el no confundirme en ningún momento. Yo soy un entrenador que no cree en tándems como tal, sino que debe haber un primer entrenador que es el líder del proceso, el responsable de lo que va sucediendo en el día a día, de la plantilla, de la estrategia operativa, los planes de partido… y a partir de ahí el segundo entrenador tiene otro tipo de funciones. Tiene unas funciones que se aproximan o acortan las distancias con el jugador, y a su vez, en el día a día en el trabajo de despacho genera contenidos al primer entrenador. Tanto de cuestiones relacionadas con aquello que vamos a entrenar, diseño o posibilidades de entrenamiento para llevar esos conceptos a cabo, planes de partido, estrategia operativa… y una vez, por supuesto, el primer entrenador decide qué es lo que cree que necesita el equipo, trabajar precisamente para que esa transmisión sea adecuada y ayudar en todo lo que se pueda.

 

«los emparejamientos para mí tienen un tipo de dificultad y es que por muy efectivos que sean es muy difícil prolongarlos durante los 90 minutos. Y al final, por ese énfasis en defender de detrás hacia delante, acabas defendiendo muchas situaciones de delante hacia detrás.»

 

FdB: Ahora, una vez repasada un poco tu trayectoria nos vamos a centrar en un bloque más relacionado con el juego. Vamos a comenzar con presiones altas. Aquí, en un grupo de amigos, estuvimos hablando bastante de este tema y debatiendo sobre igualaciones, no igualaciones cuando se presiona arriba… por esta tendencia de emparejar arriba últimamente. Yo soy de la teoría de que creo que a veces es porque el rival, especialmente equipos top, tienen una calidad como para si tú no llevas jugadores suficientes, te pueden desorganizar, pero creo que muchas veces la igualación es por falta de recursos para poder defender con menos jugadores. Mi idea de presionar es que con los mínimos jugadores sea capaz de defender a los máximos jugadores posibles. ¿Qué opinas tú sobre estos emparejamientos o defensa de lo máximo con lo mínimo?

F.B: Yo creo que hay un poco de lo que tú dices. Es decir, seguramente la complejidad táctica y el nivel de organización que se requiere para emparejarte no implica una dificultad tan amplia como puede ser la de organizarse en función de las distancias, defender en intermedias, reconocer cuál es el oponente más peligroso y demás. Dicho lo cual, creo que a veces esos emparejamientos se quedan ahí. Como nosotros entendemos que este tipo de presión va a dificultar que el rival pueda relacionarse a través de balón, no vamos a contenidos, seguramente, más micro, incluso de táctica individual, que benefician o que hagan más efectivas ese tipo de presionas o ese tipo de emparejamientos. Nosotros como entrenadores también, muchas veces, cuando buscamos esas presiones tan altas hemos de valorar la forma en que nos pueden superar. Por ejemplo, esas presiones se superan muchas veces con un medio táctico muy conocido y sencillo como es la pared desde la posición del lateral. Son situaciones muy habituales ante este tipo de presiones porque obviamente una pared se puede dar entre dos jugadores marcados: tanto poseedor que está marcado por un oponente directo, como un receptor que viene y que da igual que tenga un acoso próximo porque con un primer contacto ya va a superar a los dos.

Eso por un lado, y luego, los emparejamientos para mí tienen un tipo de dificultad y es que por muy efectivos que sean es muy difícil prolongarlos durante los 90 minutos. Y al final, por ese énfasis en defender de detrás hacia delante, acabas defendiendo muchas situaciones de delante hacia detrás. En el momento en que tú eres superado, muchos jugadores son superados. Y ese tipo de defensas son más complejas. Fuerzan a muchos saltos de jugadores impares y se van generando desequilibrios uno a uno que no son fáciles de corregir porque obviamente tú estás ampliando esas distancias defensivas de cada jugador. Y luego, esto que comentas a mí me parece muy interesante, y luego si hablamos sobre otros aspectos llegaremos a las mismas conclusiones, yo estoy de acuerdo en que uno de los objetivos es defender con cuantos menos defensores a más jugadores del equipo rival. Pero esto pasa un poco con todo, si tú quieres generar un equilibrio, es decir, cuando nosotros pretendemos ventajas posicionales es precisamente para que un jugador tenga la capacidad para atacar una línea defensiva, y por tanto, si yo necesito implicar a un jugador o a dos jugadores en vez de a cuatro o cinco, yo voy a estar preparado también mucho más preparado para lo siguiente que va a pasar.

FdB: Dentro de esta defensa en igualdades o emparejamientos, vemos mucho dos tipos de cosas que quiero relacionar bajo la misma pregunta: una, persecuciones. Equipos que quieren iniciar juego, llevan muchos jugadores a su zona de área para acabar ampliando espacios de los jugadores alejados. Y hay persecuciones que efectivamente dividen el bloque y que facilitan ese envío a esos últimos por parte del equipo que inicia. Y muchas veces, por la cercanía de los jugadores que están presionando (cercanía entre ellos), fruto de las ubicaciones del equipo que trata de iniciar el juego, no es necesario perseguir tanto. Y dos: no sé si estos equipos que emparejan arriba utilizan poco al portero. El Manchester City que utiliza mucho el recurso de envío de Ederson a la espalda de la última línea rival directamente. ¿Por qué el portero no está ubicado pensando y ayudando a defender ese balón a la espalda? No emparejarse con nadie sino colaborar en la defensa de la espalda en estos envíos directos. Condicionar desde 80 metros ese pase inicial.

F.B: Sí. Yo creo que muchas de las cosas que suceden en un partido son fruto precisamente de cómo entrenamos los entrenadores. Ese tipo de situaciones que comentas, son situaciones que probablemente se trabajen muy poco en cualquier microciclo de cualquier entrenador. Se ha venido aislando muchas veces al portero del entrenamiento colectivo. Prácticamente todos los cuerpos técnicos, incluso ya en fútbol base, tienen un entrenador de porteros específico, que trabaja durante el tiempo de entrenamiento y no en el previo o en el post, y esa implicación defensiva del portero como un elemento más que puede estar en fase de cobertura sobre la última línea y que tiene que ajustar las distancias del mismo modo que nosotros pretendemos ajustar las distancias entre defensa y centrocampistas y entre centrocampistas y atacantes, se tienen que dar. Y se tienen que estimular. Y para ello tenemos que hacer conscientes a los porteros. Y creo que muchas veces ese tipo de información no se da. Y son cuestiones contra las que nosotros mismos atentamos constantemente. Y hay varias cosas, yo creo, de nosotros como entrenadores, de las cuales somos responsables precisamente por el tiempo que invertimos para cada cuestión en el entrenamiento.

Del mismo modo que los entrenadores nos quejamos muchas veces de que nuestro equipo tiene capacidad para iniciar y superar presiones y luego en campo contrario cuando llega a tres cuartos no tiene la capacidad para encontrar situaciones de finalización que nos generen ventajas. Y seguramente cuando asistimos a entrenamientos, y yo mismo como entrenador en mi experiencia en fútbol base seguramente he invertido mucho más tiempo en cómo se estructura el equipo y qué criterios y qué procedimientos pretendemos cuando estamos iniciando en campo propio y hay que superar a 11 jugadores, que en el momento en que ya se ha generado una ventaja y hay que aprovecharla.

FdB: Dentro de las defensas que son proactivas, que buscan provocar errores, me parecen muy interesantes dos aspectos: por una parte, para implicar los saltos al portero, interesantes los jugadores que, por ejemplo el delantero, está defendiendo al central y al saltar al portero por ejemplo, que sea capaz de defender por delante a su primer oponente. Dar criterios para esa defensa por delante. Defender lo que dejas en la espalda y no sólo lo que tienes en la vista da una ayuda importante a los compañeros que tenemos por detrás. Incluso defensas en las que por distancia con respecto al balón puedo defender por delante de mi marca y ayudar a otros jugadores de manera que si entra el pase tiene que ser de forma milimétrica, jugar con la distancia.

F.B: Estoy de acuerdo. Es más, para mí, hay dos principios defensivos fundamentales, que son precisamente los que comentas tú. Uno es el saber defender de detrás hacia delante y otro, de dentro hacia fuera. Es decir, priorizamos y permitimos según que pase del mismo modo que tratamos de condicionar y anular otros. Y evidentemente un jugador que está en posiciones interiores, su primer objetivo debe ser siempre no ser superado y que la línea de oposición directa, en este caso, pueda intervenir sobre balón. Entonces, uno de los objetivos de ese tipo de jugadores es: estar en distancia como para acosar lo que tengo delante, pero ubicarme para defender lo que tengo detrás. Y jugar con esas dos referencias a la hora de defender. Los jugadores exteriores, exactamente lo mismo. Se ubican para evitar ser superados por pase, cerrando el intervalo con medio centro o interior, pero están en distancia para intervenir sobre lo que tienen delante y en distancia para acosar a lateral cuando sale pase de central. Y luego, en ese tipo de presiones, podríamos hablar también de esas intermedias de jugadores en ese momento más alejados para evitar los cambios de sentido. Esas tres cosas para mí son prioritarias en ese tipo de presiones.

FdB: ¿Por qué crees que cada vez vemos más equipos estructurados, a la hora de defender en 4-4-2 y habitualmente en bloques medios o medios-bajos incluso? ¿Crees que es por un mejor reparto de espacios o a qué crees que se debe?

F.B: Sí. Yo pienso que hay dos cuestiones que determinan esto. La primera cuestión es que creo que hay cada vez más equipos con mejores procedimientos ofensivos. Lo cual fomenta que no haya equipos que en fase defensiva asuman esa primera inferioridad de un delantero contra dos centrales, que era algo muy habitual en años anteriores con estructuras de 4-2-3-1 o 4-3-3 en las que yo asumo una primera inferioridad pero que trato de condicionar tanto con el jugador más próximo como con los siguientes, las posibles relaciones del equipo contrario. Ya no hay nadie que quiera asumir ese tipo de defensas. Y a partir de ahí, en mi opinión, el sistema también condiciona mucho los comportamientos. Por lo tanto, si yo defiendo con sólo dos mediocentros, por un lado debemos defender por interceptación aquello que está a mi espalda y por delante a los jugadores que participan en la base del equipo contrario. Y yo normalmente no tengo capacidad para intervenir sobre un plano tan amplio. Con lo cual, salvo en momentos en que hay estímulos o referencias muy evidentes: pase de un lateral a un central o pases de repetición, recepciones de espaldas, etc., los equipos necesitan de los puntas para intervenir sobre las primeras relaciones con los mediocentros del equipo contrario y que así no haya tanto recorrido en profundidad de nuestros mediocentros y podamos defender los espacios entre líneas.

Entonces, normalmente cuando queremos implicar a tantos jugadores sobre su primera línea y tenemos sólo dos centrocampistas, nos vamos a quedar cortos por delante o por detrás. En el momento en que tú amplías ese espacio entre tus delanteros, que intervienen sobre la primera línea del rival y tus mediocentros, que han de intervenir sobre lo que abandonan esos delanteros cuando saltan, pero a su vez, están condicionados por lo que tienen en la espalda, ya sea mediapunta o ya sean interiores, acabamos ampliando esas distancias y nos acaban pudiendo correr. Yo creo que la decisión que se toma en este tipo de casos es que las distancias de relación entre delanteros y mediocentros sean más cortas. Y en este sentido, si nosotros le damos algo de libertad a sus centrales, también sabemos que estamos defendiendo 11 contra 8 teóricamente en los espacios realmente claves para defender nuestra portería.

 

«el fútbol, más que un juego de estilos es un juego de estímulos.»

 

FdB: Dentro de aspectos más relacionados con la línea defensiva. Y dentro del proceso de entrenamiento, especialmente en momentos iniciales, sobre todo para adquisición de principios, etc, recurrimos a contextos muy estables. ¿Crees que acaban teniendo realmente esa transferencia para el partido? Los jugadores entrenan con unas referencias que después durante el partido surgen un montón de circunstancias que no puedes tener controladas. Y después, cómo vas añadiendo esa variabilidad necesaria para que tu línea defensiva esté preparada para la competición.

F.B: Yo pienso, y luego después si queréis, profundizamos en esto, que el fútbol, más que un juego de estilos es un juego de estímulos. Y para que nuestros jugadores sean capaces de atender a todos los estímulos a los que se enfrentan en un partido, no está mal enfocar nuestro entrenamiento en diferentes planos. Por lo tanto, a mí, ese tipo de tareas, que es verdad que son situaciones muy estables, creo que nos vienen bien para determinados contenidos relacionados con la coordinación de la propia línea y para que nosotros terminemos haciendo conscientes a los jugadores de según qué cosas. Les damos referencias que puede que de forma natural o de forma innata, no atiendan o desconozcan. Y tiene que ver con las distancias interválicas, tiene que ver con la propia altura de la línea… si queremos jerarquizarla y que sea un central el que defina la profundidad, si queremos definir que el segundo central sea el que ajuste las distancias y estreche los intervalos; si cuando balón está en carril lateral nosotros queremos que nuestro lateral sea responsable de altura de la línea o que tenga capacidad para abandonarla y y re equilibrar el espacio con tres… Y todo ese tipo de cuestiones, muchas veces en contextos de máxima incertidumbre, cuando el jugador no es consciente de los mismos, no va a tener una aplicación que vaya a ser efectiva porque el jugador no va a estar atendiendo a este tipo de cuestiones.

Por tanto, sólo eso no nos vale, pero no hacer eso yo creo que es contraproducente. Y que tenemos que conseguir entrenar en situaciones estables del mismo modo que tenemos que tratar de atender a situaciones inestables, situaciones zonales de inferioridad… combinarlo y que precisamente para eso está el entrenamiento. Que al final, lo que tenemos que hacer es ajustar las formas didácticas a nuestra intervención, a los jugadores que tengamos y a lo que ayude y sea efectivo para que el jugador tenga la capacidad de aplicarlo en el partido. Entonces al final, un entrenador que tiene una capacidad de intervención de mucha calidad durante el entrenamiento puede, a lo mejor, sumar un mayor porcentaje de tareas en las que hay mayor incertidumbre porque el impacto ya lo genera él, y otro tipo de entrenador no. Y hay jugadores con unas capacidades que le permiten atender a diferentes variables sin que haya mucho estímulo, mucha incertidumbre en un contexto, y hay jugadores que necesitan otro tipo de propensión.

FdB: Dentro de estos contextos que estábamos hablando, a veces me da la sensación de que la variabilidad sólo se da en contextos más inestables. ¿Crees que esos contextos estables tienen mucha más variabilidad posible que la que a priori pensamos que tiene?

F.B: Yo creo que la tiene aunque creo que una de sus mayores virtudes no es la variabilidad para este tipo de contextos. Creo que sí que son determinantes, muchas veces, para hacer consciente al jugador de criterios, de procedimientos y de principios que para nosotros son fundamentales aplicar, y que tenemos tiempo durante la semana para combinar ambas cuestiones. Momentos en los que nosotros queremos concienciar al jugador de algo y momentos en donde queremos atender a la aplicación de esos criterios o esos procedimientos en contextos más jugados y de mayor incertidumbre. Entonces, creo que esa combinación es fundamental y es más, creo que, al final, el entrenamiento va precisamente de eso. Por un lado, de concienciar al jugador de determinadas cuestiones. Yo puedo querer concienciar a nuestros jugadores de que la línea ha de ser estrecha o de que han de ser profundos, y una vez generamos esa conciencia, o una vez no, porque no es un proceso lineal, es un proceso no lineal, tratar de buscar mecanismos, entrenamientos, tareas, diseños… cualquier cosa para darle riqueza y darle calidad a aquello que nosotros pretendemos ofrecer a nuestros jugadores.

FdB: Dentro de esa línea defensiva yo asisto muchas veces a debates sobre, por ejemplo, cuando el balón está en banda y tu equipo está defendiendo, quién marca el fuera de juego. Central cercano, central alejado…

F.B: En mi opinión, cuando el balón está en carriles exteriores y nuestra línea defensiva no es la línea de oposición directa sobre balón, el primer jugador que marca el fuera de juego no es el primer central sino el lateral. En el momento en que el lateral abandona línea para aproximarse y estar en distancia para acosar posible pase al extremo, en ese momento siempre: primer central es el que marca la altura del resto de la línea defensiva. Y segundo central el responsable de la distancia que hay entre centrales, del mismo modo que el último jugador en anchura, en este caso el lateral de banda contraria, es el responsable de estrechar o no la distancia que hay con su central colindante en base a si tiene amenaza directa, si no la tiene, si hay jugadores interiores que puedan penetrar sobre esos intervalos que se abren y demás. Esas referencias no son fijas y de ahí que digamos que esto es un juego de estímulos.

FdB: En una línea de medios o línea defensiva en zona central, al poseedor salta siempre el jugador que está enfrente digamos. ¿Por qué nunca o casi nunca el que está en diagonal?

F.B: Yo creo que es por distancia. Es decir, entiendo que un salto diagonal puede condicionar más la siguiente acción del oponente, siempre que esté en tiempo, porque obviamente le vamos a reducir muchísimo su espacio de acción para el siguiente pase, pero por distancia puede permitir giros, puede permitir contactos sobre lado contrario al oponente al que me salta y por tanto puede acabar siendo eliminado con un primer contacto. Si luego hay una secuencia de pases todavía mayor, la capacidad que tengo para defender el ancho va a ser mucho menor, porque obviamente estoy implicando mucho más, por ejemplo, a un lateral contrario si hago un salto sobre un cuadrado interior derecho por parte de un central de lado contrario. Entonces, yo creo que por distancias y proximidad es más normal que salte el jugador que está en esa distancia óptima para intervenir sobre esa recepción. Luego, creo que es un contenido esencial de esa línea defensiva saber defender esa recepción en los intervalos, sobre todo en esos intervalos entre central y lateral, muchas veces también en función de cuál sea la siguiente amenaza. El mítico principio del que habla Mikel Etxarri de que último no salta a penúltimo, para siempre poder intervenir sobre la recepción, pero a su vez poder intervenir en distancia sobre los siguientes pases y las amenazas que se suceden.

FdB: Os pongo una situación de juego. Jugador a pie cambiado recibe por fuera, realiza una conducción horizontal hacia dentro para luego meter el balón al área. ¿Qué comportamiento, habitualmente, aunque depende de jugadores, o qué criterio le das a esa línea? Para defender el envío. El centro se va a producir, una situación en la que no tienes opción de intervenir sobre el jugador que va a hacer el envío. Mantener la línea, si salir para intentar buscar acción de fuera de juego, si retrasar la posición para poder atacar ese balón de cara y que no haya lugar a confusiones portero-centrales… Y cómo gestionar también la llegada de jugadores de segunda línea en esa conducción horizontal o diagonal hacia atrás.

F.B: Yo creo que cuando se dan ese tipo de conducciones horizontales, lo primero que tiene que hacer la línea defensiva es valorar las condiciones del poseedor en este caso. Si el poseedor durante su conducción puede intervenir sobre nuestra espalda, yo priorizo el darle profundidad defensiva y que, obviamente si nosotros no estamos perdiendo elementos de la línea, porque no estamos siendo oponentes directos del que conduce, yo prefiero siempre que la siguiente recepción sea por delante de mí que a mi espalda. Entonces yo en ese tipo de situaciones priorizo la defensa de la profundidad. Cuando durante esa conducción se produce un acoso por espalda, un acoso por el lateral o el jugador no tiene posibilidad porque no es su pierna hábil o porque no está orientado hacia nuestra portería, eso obviamente, para mí, son estímulos para que la línea acorte las distancias y esté con posibilidades de intervenir siempre sobre lo que tiene delante. Pero este tipo de asuntos, para mí, son fundamentales y debemos definir muy bien y de forma muy específica, criterios ante este tipo de evoluciones porque yo no estoy muy de acuerdo con los criterios o los principios para línea defensiva cuando se producen estas conducciones horizontales ni cuando hay pases atrás sobre jugadores normalmente colindantes al poseedor de balón, y tras ese pase atrás, ese jugador tiene posibilidad de intervenir en profundidad sobre nosotros para jugadores en lados opuestos que puedan atacar por la espalda.

 

«Hay una cosa que dice Rubén y que a mí me gusta mucho y es que todo es 100% entrenable.»

 

FdB: Hablando de centros, la pregunta no es muy buena en el sentido de que evidentemente depende de muchos factores, pero desde qué zonas crees que son más peligrosos o difíciles de defender. Y si las situaciones de centros y remates, en las situaciones de entrenamiento, si crees que prestamos suficiente atención al cómo vamos a llegar a esa situación de centro y cómo vamos a ocupar el área, en lugar de prestar atención al centro en función de la zona sin tener previsto lo previo. Y los criterios de ocupación de área y posibles consecuencias para poder valorarlos.

F.B: Para mí, en este caso hay dos tipos de centradores: por un lado está el centrador que está y el que se desmarca. Independientemente del envío o de la zona de envío creo que se saca mucho más rédito de esos envíos laterales en ese tipo de acciones cuando el jugador que centra es un jugador que viene en carrera, es un jugador que llega y es un jugador que se desmarca. Normalmente, cuando el que recibe ya está ubicado sobre el sitio desde el que va a centrar, ese tipo de envíos suelen ser más del portero o hay despejes frontales, laterales, de su línea defensiva. Por tanto, son dos cuestiones que tenemos que valorar: cuándo centramos y las condiciones en las que está el centrador. Si está llegando o si de verdad ya está ubicado y es un ataque más parado. Cuando el jugador ya está ubicado, ahora sobre todo lo estamos viendo con el Manchester City y con el Liverpool, con el rol que le dan a los interiores, se producen cortes de jugadores interiores a espalda del oponente directo del que antes era un centrador, del que recepciona en amplitud. ¿Para qué? Precisamente para que el que acabe centrando a área o busque un envío fuerte, tenso, sea alguien que viene en movimiento, y que por tanto, obliga a que la defensa se desplace y se tenga que ajustar continuamente. Cuando ese tipo de carreras no se pueden dar y tenemos que centrar a estar creo que es mucho más difícil defender un envío lateral tras un pase atrás, porque realmente estamos de nuevo forzando, obligando al equipo contrario, a lo mismo que cuando buscamos pase al jugador interior que corta, y es que su línea defensiva se tenga que reajustar y variar su ubicación. Normalmente la respuesta de una línea defensiva a un pase horizontal o a un pase atrás es salir, es mover la línea o adelantarla para intervenir sobre el espacio que tienen delante y por tanto, el siguiente balón les pilla a contra movimiento en muchos casos. Entonces para mí esos son los dos tipos de centro más difíciles de defender.

Y luego, lo que comentas creo que es verdad, y una vez más creo que es fruto de nuestro entrenamiento. Es decir, todos, durante esta década, cuando entendemos que tenemos un 9 muy rematador o que tenemos dos puntas a los que hay que sacar mucho provecho porque son muy dominantes en área, tratamos en el entrenamiento, por ejemplo, de organizar estructuras en las que se produzcan muchas fijaciones por dentro y acumulación de jugadores interiores para liberar carriles exteriores y que estemos en disposición de centrar. Pero normalmente nuestro entrenamiento llega hasta ahí. Llega al hecho de provocar medios para tener ventajas en los espacios que luego queremos aprovechar, y no tanto en cómo aprovechamos esas ventajas que hemos generado durante el inicio con las fijaciones, movimientos, estructuras circulantes, etc. Y creo que ese tipo de cuestiones son cuestiones que hemos de atender. Cuestiones de posición, porque al final, independientemente del modelo de juego que queramos llevar a cabo, si es que se puede llegar a hablar de modelo de juego, en el fútbol el portero va a tener que seguir haciendo paradas, el delantero va a tener que seguir rematando, el central va a tener que despejar, y los jugadores que ocupan espacios exteriores van a tener que centrar. Y ese tipo de cuestiones han de estar definidas y sobre ese tipo de cuestiones tenemos que intervenir.

Hay una cosa que dice Rubén y que a mí me gusta mucho y es que todo es 100% entrenable. Y por ejemplo, las situaciones de área yo creo que son situaciones que tenemos que entrenar desde posiciones corporales para que nuestro primer contacto esté facilitado como a movimientos en función del tipo de adversario al que nos enfrentamos. Normalmente nos enfrentamos a defensas mixtas en las que el primer central defiende por delante de primer palo en zona y resto de la línea defiende al hombre. Y sin embargo la mayoría de equipos que vemos trata de ocupar área de forma escalonada. Una diagonal abierta en la que primer jugador trata de hundir a la defensa, un segundo jugador que está a una distancia más próxima a punto de penalti para intervenir sobre lo que supere a nuestro primer jugador, y el jugador exterior de lado contrario todavía está en una posición más próxima a la frontal para que, en función del envío, pueda intervenir sobre lo que tiene delante o sobre lo que tiene detrás. Y ese tipo de ataques, normalmente, facilita ese tipo de defensa. Mientras que si yo por ejemplo, lo que hago es parar al primer jugador y hundir al segundo, ya estoy generando mucha mayor dificultad al primer central. Tiene que decidir si atiende a balón y se sitúa a esa altura pero libera y amplía el espacio con su oponente directo o en el caso de que decida defender al oponente directo que está en distancia para finalizar, abra un espacio para ese segundo jugador que gana su espalda. Incluso si el central respondiera en zona y yo no me pudiera relacionar con ese primer jugador que se ha parado, y el segundo marca al hombre, con el movimiento de mi segundo delantero voy a provocar un intervalo de un metro entre central y central y, por tanto, voy a ampliar otros espacios para atacar el área en ventaja. Y creo que ese tipo de cosas deben definirse y deben trabajarse en el entrenamiento para que se apliquen en los partidos de forma coordinada.

 

«Nosotros, digo nosotros refiriéndome al colectivo de entrenadores en general, tendemos mucho a entrenar situaciones ofensivas en superioridad cuando la mayoría de situaciones ofensivas a las que nos enfrentamos van a ser en inferioridad»

 

FdB: Antes lo mencionaste, y lo volviste a comentar ahora. Me gusta como lo defines: preparamos mucho el cómo llegar a la ventaja pero poco el cómo aprovecharla. ¿Por qué nos pasa eso? Por ejemplo, los inicios de juego deben ser de las situaciones más entrenadas y después no valoramos criterios para aprovechar esa ventaja generada. En teoría es más difícil superar 8-9 jugadores. Y cuando hay 2-3… la famosa frase de que a partir de ahí es el talento…

F.B: Para mí hay dos cuestiones, y una ya la has dicho. Es más fácil preparar el inicio o los criterios ofensivos en campo propio precisamente porque solemos partir de una ventaja numérica que nos permite organizarnos del modo que queramos. Normalmente nos obligamos a tener más jugadores para iniciar el juego de los que el rival implica para presionar ese inicio. Ya desde la primera línea en la que nosotros tenemos al portero en proximidad y en las que su portero no interviene como un defensor más seríamos 11 contra 10.  En segundo lugar, nuestra primera línea, normalmente está compuesta por 4-5 jugadores y no hay equipos que jueguen con 4-5 delanteros. Por lo tanto ahí se establece una primera superioridad que nos facilita el organizar lo que tiene que ir pasando.

Y luego, hay otra cuestión, y es que al final, prácticamente todos los medios tácticos nacen por la propia incapacidad del jugador, y que no se me entienda mal. Pero lo ideal, obviamente, sería que el central de turno o incluso el portero cogiese el balón, tuviera la capacidad para regatear a los 11 contrarios del equipo rival y marcara gol. Como nosotros entendemos que estando a 80 metros de portería eso no es viable, tratamos de organizar y de establecer principios, de establecer procedimientos para ayudar a esos jugadores a que haya una determinada progresión. Sin embargo, en el momento que se produce esa primera ventaja y ya estamos en campo contrario, entendemos que el jugador por sí mismo y por la distancia que hay y el número de jugadores que han sido eliminados, ya puede ser más autosuficiente. Eso por un lado, pero por otro lado, volvemos a lo que tú comentabas. No es tan fácil establecer criterios y establecer patrones y vías de circulación para atacar en situaciones de inferioridad, porque al final, lo mismo que pasaba cuando iniciábamos, pasa lo opuesto en campo contrario. Nosotros, digo nosotros refiriéndome al colectivo de entrenadores en general, tendemos mucho a entrenar situaciones ofensivas en superioridad cuando la mayoría de situaciones ofensivas a las que nos enfrentamos van a ser en inferioridad: ellos van a tener la línea de cuatro bien compuesta, van a tener cuatro y dos pivotes, van a tener un lateral con una ayuda exterior sea de un interior o de un extremo… y nosotros, ese tipo de situaciones normalmente, como queremos que los entrenamientos tengan una cierta fluidez y haya un porcentaje de éxito que haga que tu jugador entienda que esto le va a venir bien, no atendemos a situaciones en las que, precisamente, va a haber discontinuidad porque no vamos a ser capaces, por su complejidad, de llevarlas a cabo con un grado de éxito que a nosotros nos interesaría que tuviera cuando se lo presentamos a los jugadores.

 

«Es más fácil preparar el inicio o los criterios ofensivos en campo propio precisamente porque solemos partir de una ventaja numérica que nos permite organizarnos del modo que queramos.»

 

FdB: Muchas veces, estos inicios de juego cuando llegamos a la ventaja, superando esos inicios de juego, se asemeja mucho a situaciones de contraataque en las que atacas espacios amplios con menos jugadores… Este problema que tenemos en el ataque, que cuando llegamos a la ventaja no preparamos cómo aprovecharla bien ¿crees que sucede igual en el contraataque? Quizás nos limitamos al robo, sacar del robo y “poner a la gente a correr”. Y dentro de estas situaciones de contraataque creo que no damos la importancia que tiene a un elemento como es el que “engancha” ese contraataque. Özil o Benzema en ese Madrid de Mourinho. Pensamos mucho en los corredores pero menos en esta figura.

F.B: Sí, pero para mí en el contraataque o en las transiciones ofensivas o en el momento de la recuperación del balón pasa algo que seguramente es opuesto a lo que hablábamos anteriormente. Como entendemos que en el contraataque vamos a contar con una ventaja, ya sea numérica o espacio-temporal, nos dedicamos mucho, precisamente, a ese momento en el que ya tenemos la ventaja, en el que ya hay espacio para correr y en el que terminamos atacando a un bloque inestable y normalmente numéricamente más débil. Pero no atendemos tanto a ese primer proceso, a ese momento de la recuperación. A lo que tú decías, a sacarla de la zona del robo. Y yo creo que aquí también hay que establecer procedimientos para que las transiciones sean adecuadas. Y por ejemplo, yo en este sentido, había trabajado mucho y he estado cortando muchas situaciones de contraataque a lo largo de estos meses, y para mí hay cuestiones fundamentales a las que debemos de atender mucho antes de valorar si hemos de ocupar las tres calles, si hemos de ser más menos profundos, o si hemos de conducir para fijar y demás. Y es qué pasa en el momento en que yo recupero balón y por ejemplo hay un oponente en distancia para presionar. Entonces, en ese tipo de situaciones a mí me gusta tener siempre dos apoyos horizontales muy cortos. Es decir, esa famosa frase de “hemos de sacar el balón de la zona del robo”, yo normalmente, no la compro. A mí me gusta que haya posibilidad de que el primer pase sea muy corto y de que, por ejemplo, si un mediocentro derecho recupera el balón tenga al lateral derecho y tenga al mediocentro izquierdo muy próximo y en horizontal a él. Porque normalmente los contraataques se defienden sobre la profundidad: o bien hacia delante para robar el balón o bien hacia detrás para estar más próximo a la portería y defender los espacios más próximos a portería.

Entonces, si yo lo primero que hago cuando hay una recuperación en un carril exterior derecho, por ejemplo, es llegar pronto al carril exterior izquierdo, estoy haciendo algo mal porque estoy facilitando la defensa del oponente. No he progresado y aunque ellos hayan defendido la profundidad, como la hemos sacado fuera, van a tener tiempo para bascular y ralentizar nuestro ataque. Luego hay otra cuestión importante, que es la que comentabas de los Benzema, Özil y demás, que es que el jugador más profundo de nuestro equipo no busque, salvo en jugadas extremadamente abiertas, la profundidad. Que juegue desde un eje prácticamente vertical y sobre ese eje se habilite a pie. Y además es un jugador que nos da igual que esté marcado porque normalmente el acoso va a ser por su espalda y si yo tengo condiciones para hacer una primera recepción acosado, va a ser el jugador que va a permitir tiempo para constituir segundas, terceras oleadas y para que jugadores de banda contraria puedan ofrecernos la profundidad. Luego hay unos jugadores intermedios que han de estar en diagonal a ese primer poseedor, precisamente, para dificultar lo que comentabas tú antes en fase defensiva: que un mismo jugador no pueda intervenir sobre más de uno. Si los jugadores más próximos a balón intervienen sobre mis apoyos horizontales, me están abriendo esos apoyos diagonales para el mediapunta, para el interior o para el extremo más próximo. Ya estoy constituyendo diferentes alturas que me permiten diferentes intervenciones.

Y es fundamental también que el jugador que pasa, encadene su pase con una carrera. Porque como son jugadas de ataque y defensa muy rápidas, en el momento en que yo hago un pase a un jugador colindante, mi oponente directo, que además se ve en distancia, corporalmente se va a girar para intervenir sobre balón. Y por tanto, el jugador menos defendido en ese tipo de situaciones es precisamente el que roba el balón, porque el resto de jugadores o están atendidos por su estructura de seguridad, sus vigilancias, por los jugadores de lados contrarios que están cerrando con trayectorias diagonales… Pero el poseedor de balón es el jugador que, normalmente, una vez la ha pasado, tiene más libertad para encadenar en profundidad y determinar ya los procesos de ataque y dar tiempo para lo que tú comentabas: tener jugadores en tres carriles, ocupar tres calles, llegar de determinadas maneras, fijar un intervalo para dejar en la mayor distancia al siguiente que vaya a recibir… todo este tipo de cuestiones.

FdB: Un tema muy interesante. Aquí Michel Alonso, entrenador del Coruxo, la gente comenta hace mucha referencia a “la transición de la transición”. Es una situación que me parece muy interesante porque equipos que roban, salen, pierden y le hacen ocasión…

F.B: Para mí, en este caso, eso sería una secuencia de diferentes transiciones. Te lo digo porque yo creo que las propias fases, o lo que entendemos por fases principales, también tienen su propia transición, es decir, yo transito de bloque medio a bloque alto, del mismo modo que yo tengo que saber transitar de bloque alto a bloque medio y tengo que tener o tengo que definir unos estímulos que el jugador pueda reconocer para saber cuándo es el momento de dejar de acosar balón y empezar a intervenir mucho más sobre el espacio. Y ese tipo de situaciones, que para mí son fundamentales, del mismo modo que yo tengo que saber en una transición ofensiva cuándo tengo posibilidad de progresar y cuándo tengo que reorganizarme ofensivamente y proteger más el balón para ofrecer tiempo al equipo y no estar expuesto a una posible pérdida del balón. Ese tipo de cuestiones, precisamente, tienen que ver con organizar bien al equipo en el momento en que se están produciendo esos cambios de fase. Y si nosotros lo hacemos de forma precipitada o sumamos elecciones erróneas en el pase, en la conducción, en el regate… siempre van a ser momentos en los que nosotros vamos a estar más expuestos, porque una vez más nuestros movimientos van a ser a contrabalón. Son momentos en que yo me estoy desplegando y si se produce una pérdida, el balón va a acabar yendo a espacios que yo estaba abandonando. Y por eso son cuestiones fundamentales y por eso creo que es tan fundamental el entrenamiento. Muchas veces lo infravaloramos en este sentido. Y este tipo de cuestiones, posiblemente no las atendamos tanto por la dificultad que hay de generar contextos en los que esto pueda suceder de forma natural, porque al final, para trabajar situaciones de transición yo tengo que diseñar una situación en la que un equipo está jugando y ha de perderla en unas determinadas condiciones, pero a mí no me va a interesar provocar esa pérdida porque voy a estar atentando contra mi fase ofensiva. Y la fase defensiva es exactamente lo mismo. A partir de un robo yo quiero generar unos procedimientos para superar la primera presión, y una vez la he superado, para atacar a su estructura de seguridad. Pero yo no sé cuándo se va a producir ese robo. Entonces, estas cuestiones no son fáciles darle forma.

 

«creo que el juego de posición, seguramente, o el jugar desde la posición más que el juego de posición, lleva implícito una complejidad menor que la de buscar estructuras circulantes»

 

FdB: Se hicieron muy famosas las clasificaciones que hizo Juan Antón para el balonmano, por su gran capacidad organizativa en torno al juego. Él distingue entre juego posicional y juego circulante. ¿Crees que es imprescindible que el jugador sepa manejar ese juego posicional o saber jugar en y desde su posición para luego pasar a ese juego circulante?

F.B: Yo creo que el juego de posición, seguramente, o el jugar desde la posición más que el juego de posición, lleva implícito una complejidad menor que la de buscar estructuras circulantes donde yo ya me tengo que coordinar con jugadores próximos a mí, reconocer cuándo hay una relación visual con un poseedor o cuándo se producen desequilibrios en la estructura del oponente para ocupar un espacio u otro, y por tanto, puede llegar a ser un proceso natural el partir de reconocer mi posición, reconocer mi ubicación, reconocer las vías de interacción para progresar desde ahí, para luego generar una mayor riqueza y buscar esas transformaciones de estructura y demás. Dicho lo cual, yo no acabo tampoco de comprar, o a lo mejor es que no acabo de entender esto del juego de posición, por eso antes decía que más que un juego de estilos, esto es un juego de estímulos. Y precisamente va en base a la capacidad que yo tenga de reconocer los estímulos que se me ofrecen, el hecho de que yo pueda ser circulante y explorar espacios diferentes a los que me pertenecen. Y para eso tenemos que estar en contacto con el entorno y reconocer cuáles son las posibilidades del poseedor de balón, cuáles son las posibilidades de relación directa, de relación indirecta, si con mi movimiento estoy beneficiándome o beneficiando a un compañero, y a su vez, que está haciendo el oponente directo y cómo yo puedo superar oponentes directos. Y creo que atendemos poco a este tipo de cuestiones, a esta relación del jugador desde una determinada posición y el oponente directo y la forma en la que el oponente directo le está defendiendo y cuáles son las bases que yo le doy para que, dependiendo de cómo me defienda poder superarlo de un modo u otro. Ya sea con un descenso, ya sea con una finta, con un redondeo… con todo ese tipo de medios individuales que el jugador ha de conocer para facilitar esas progresiones después.

FdB: ¿Eres más de que los jugadores reconozcan los roles que están interpretando para el equipo que a dar criterios de posición? Roles en función de la participación más que consignas de puesto específico sería.

F.B: Creo en ambas porque desde una posición mi rol va a variar en función de dónde esté el balón y las posibilidades que tengamos. Yo sí que creo que normalmente un lateral se va a enfrentar a determinadas situaciones de las que ha de ser consciente y que le tenemos que dar bases para que las pueda resolver. Del mismo modo, en condiciones normales, nuestro extremo va a estar enfrentándose constantemente a un lateral. Y él tiene que percibir si, por ejemplo el lateral, rompe alineación para defenderlo y me posibilita espacios a su espalda; si cuando estamos en lado contrario el lateral está orientado sobre balón y le puedo ganar la espalda por lado ciego o si se orienta hacia mí y me conviene más penetrar sobre el intervalo interior para que él tenga que girar y no me pueda bloquear la carrera; si mi oponente directo, en este caso puede ser el lateral opuesto, y está rompiendo la línea defensiva y habilitando la espalda de sus compañeros, eso puede ser un estímulo para mí para romper y ganar eje a espalda de los dos centrales… Creo que ese tipo de cuestiones son fundamentales y que tienen que ver con la posición y obviamente con el rol funcional que vamos desempeñando en función de las condiciones que se van dando. Al final, mis comportamientos desde esa posición no pueden ser los mismos si estoy próximo a balón que si no lo estoy, si el que tiene el balón está marcado o goza de tiempo, y yo voy a tener que ir ajustando relaciones tanto con mi oponente directo como con el poseedor de balón o mis compañeros.

FdB: Para llevar a cabo el diseño de ese bagaje, por así decirlo, que intentas que adquiera el jugador y vaya siendo consciente de las diferentes posibilidades que tiene en función de las situaciones que le pueden pasar, ¿cómo lo realizas? Es decir, desde que tú observas a tu jugador y tienes información del rival, cómo vas gestionando durante toda la temporada esos criterios que tú le quieres ir dando a tu jugador para que vaya mejorando siguiendo un proceso con, a la vez, integrar ese rival que va teniendo a corto plazo, en ese proceso de ir enriqueciendo a tu jugador.

F.B: Por partes. Yo creo que al rival, en nuestro juego, debemos implicarlo prácticamente desde el día uno de la pretemporada. Es decir, cuando nosotros hablamos de fase ofensiva, normalmente, nos vamos a encontrar tres tipos de contextos: un primer contexto en el que hemos de superar una presión alta. Un segundo contexto en el que hemos de atacar un bloque medio o un bloque bajo. Y un tercer contexto en el que podemos contraatacar o generar un ataque rápido cuando recuperamos el balón. Así que si atendemos a esa clasificación no son tantas. A partir de ahí, los tipos de defensas a las que nos enfrentamos también guardan similitudes. Lo hablábamos al principio, nos podemos enfrentar a defensas de pares o que buscan esa igualdad numérica y que asumen esos 1×1, y por tanto, los criterios que vamos a aplicar van a ser diferentes a cuando tengamos que atacar un bloque medio-bajo. Podemos enfrentarnos a defensas en intermedias y defensas similares, por ejemplo, a las del Liverpool, que permiten unos pases previos para, a partir de ahí, ir condicionando las posibilidades del poseedor de balón con movimientos de fuera-dentro de los extremos o jugadores que se sitúan en distancia para intervenir sobre lo de dentro y sobre lo de fuera. Cuando tratamos de superar bloques medios-bajos nos podemos enfrentar a defensas de 5, defensas de 4 y pronto nos tendremos que enfrentar a defensas de 6, ocupando todo el ancho. Y ese tipo de cuestiones son cuestiones a las que tenemos que atender desde el día uno, porque además vamos a un fútbol de mayor variabilidad, cada vez hay mayor flexibilidad y cada vez hay mayor capacidad para que los rivales se vayan ajustando en función de lo que tú estás haciendo y tú te ajustes en función de lo que hacen.

Eso por un lado, y luego me hablabas de cómo integrarlo. Yo te diría que las formas didácticas, como comentábamos antes, yo creo que son adaptativas en función de lo que tienes, qué necesitas, el nivel de los propios jugadores y la capacidad que tengan para adquirir el contenido. Y en ese sentido hay estímulos que a mí me parecen de una complejidad impresionante, poder hacerles conscientes y que atiendan a ellos en contextos, por ejemplo, de un 8×8 en un espacio medio. Si yo quiero ir al detalle, y por ejemplo, que mi extremo, precisamente, varíe su trayectoria para desmarcarse en profundidad en función de la orientación de su oponente directo… ese tipo de cuestiones, en contextos de máxima incertidumbre donde hay espacios reducidos puede llegar a pasar una o dos veces en 8-9 minutos. Y pasan tantas cosas más, que seguramente en el momento que sucedan puede que no tenga la capacidad para reconocerlo. Entonces yo sí que ahí creo que hay que extraer según qué cosas para hacer consciente al jugador y que el jugador cuando intervenga sobre tareas de mayor complejidad ya sea consciente y que vaya percibiendo qué estímulos me permiten llevar a cabo qué conductas.

 

«nosotros no podemos enseñar aquello que desconocemos. Y para conocer todo ese tipo de cuestiones tenemos que ver mucho fútbol, tenemos que valorar criterios de éxito y tenemos que reflexionar sobre por qué pasan las cosas para poder intervenir sobre ellas.»

 

FdB: Comentabas al principio de la anterior pregunta, cuando hablábamos de circular a otros puestos, el tema de coordinación visual y demás. Quería que nos hablaras de la importancia de aspectos muy micro como ese tipo de cuestiones, o el uso de brazos… Cómo podemos mejorar a nuestros jugadores con estas pequeñas cosas que no requieren que tengan un talento muy especial para poder “incorporarlas” a sus comportamientos.

F.B: En relación a las cuestiones micro, yo creo que hay una primera cosa fundamental, que es responsabilidad del entrenador y del staff, en este caso, que es el propio conocimiento del juego. Es decir, nosotros no podemos enseñar aquello que desconocemos. Y para conocer todo ese tipo de cuestiones tenemos que ver mucho fútbol, tenemos que valorar criterios de éxito y tenemos que reflexionar sobre por qué pasan las cosas para poder intervenir sobre ellas. Entonces, en función de tus convicciones y, por tanto, en función de las intenciones que pretendes para llevar a cabo según qué cuestiones, has de o requieres de elementos que pueden llegar a ser fundamentales que no tienen que ver con lo que es visible para todos, con la estructura, con las formas defensivas, con el número de jugadores que empleamos, etc. Es más, el detalle micro acaba posibilitando lo que comentabais al principio de la entrevista: si yo tengo capacidad para que un jugador disuada la relación entre dos jugadores, yo ya no voy a necesitar implicar a tanta gente para defender ese espacio. Si yo quiero defender el área en zona y, por tanto, yo estoy orientado sobre el balón y no sobre el posible oponente que me llega a espalda, me parece fundamental, por ejemplo, que el central siempre utilice la mano y tenga la mano abierta para que, si hay un jugador que previamente le está oscureciendo y le va a penetrar por delante, ya tenga una señal de cuándo va a penetrar para ajustar mi posición o ya esté forzando para que su trayectoria se vea ampliada porque tiene que superar mi mano por fuera.

Entonces, ese tipo de cuestiones han de definirse, yo creo, para cada posición, lo que hablábamos antes. Para cada rol funcional, para cada espacio del campo donde pasan más unas cosas que otras, y luego las debemos llevar al campo de entrenamiento. Y cómo las llevemos al campo de entrenamiento a mí no me parece tan importante. Es lo que hablábamos antes de la capacidad que tenga el entrenador para intervenir sobre algo. Yo puedo estar trabajando una situación de inicio con portero y mis 4 defensas y 3 centrocampistas y que el objetivo, además de la progresión, sea el contenido que se le da al lateral cuando es segundo atacante o cuando es primer atacante. Cuando soy segundo, qué distancia de relación quiero con el central en función de si está presionado o no está presionado. Cuando soy primero, cómo quiero que sea mi primer contacto en función de la distancia que hay con mi oponente directo o de las formas de progresión que nosotros vayamos a valorar. Y todo ese tipo de cosas para mí es fundamental ajustarlas, encontrar el modo de hacerlo. Creo que ese tipo de cosas no se van a ajustar… no sé si hablaremos de medios de entrenamiento en base a juegos de ubicación, a juegos de progresión… creo que va a llegar un determinado momento en el que vamos a hablar de tareas como de posiciones. Es decir, que va a haber una tarea o un contexto para la fase ofensiva de los mediocentros. Y puede ser siempre la misma tarea y lo que va a varias va a ser las formas que se enfrenten entre sí en ese espacio en el que queramos que intervengan, porque no es lo mismo cómo nos vamos a comportar si me presionan al hombre, que si hay una defensa de intermedias, que si tengo una superioridad, igualdad, inferioridad, si defienden 2-1 o 1-2… Eso es lo que le va a dar variabilidad, es lo que va a generar incertidumbre pero que los contextos estén más enfocados precisamente a eso, en la mejora de lo que van a hacer nuestros jugadores en un partido, que se ha de entrenar en espacios que le resulten conocidos y que sean sus espacios comunes de intervención. Pienso que terminaremos diseñando las tareas en sus respectivos espacios para que desde esos sectores se pueda trabajar en especificidad la mejora de conductas a las que nos enfrentamos constantemente. Laterales trabajando en sectores exteriores para defender situaciones de 1v1 contra un extremo a pie natural, a pie no natural. Defendiendo una pared y girando en función de cuál sea la pierna fuerte con la que atacamos al primer atacante, etc.

FdB: Retrocediendo un poco al juego circulante y demás, para rematar con un par de cuestiones y luego vamos al entrenamiento, ¿qué importancia le das a las circulaciones equilibradoras para que luego no tengamos problemas cuando la perdamos? Y al hilo de esto, quería comentar una cuestión de las vigilancias ofensivas. Os pongo un contexto. Dos centrales contra un delantero en vigilancia. En el 95%, como mínimo, de los casos, se produce la misma configuración de esa vigilancia con independencia de cómo sean los defensores y cómo sea ese delantero. Muchas veces vemos delanteros que no son nada rápidos en espacios largos pero que son buenos recibiendo y guardando balones de espaldas para que salga el equipo y defensas que defienden uno marcando por detrás y otro librando por detrás de ese 1v1. ¿Por qué no uno muy próximo por delante y otro más elástico por detrás?

F.B: Correcto. Hablamos de tres cosas. Primero: en relación a las estructuras circulantes, yo tengo una opinión. Muchas veces utilizamos jugadores para desocupar espacios y por tanto habilitar ese espacio para un siguiente jugador, lo cual es efectivo, pero normalmente, ese jugador que va a acabar ocupando el primer espacio que yo he generado también puede venir marcado, por eso creo que es fundamental el detalle micro, y situaciones de superar a mi oponente directo porque si, precisamente soy yo el que ocupo ese espacio que previamente he abandonado, voy a ser el jugador menos defendido. Eso en relación a estructuras circulantes. Creo que hay mucho contenido en el que tratamos de coordinar a muchos jugadores y normalmente las interacciones de gol vienen dadas, precisamente, por la intervención de un mismo jugador en distintas ubicaciones.

Las circulaciones o las estructuras equilibradoras, para mí, son fundamentales. Aquí volvemos a hablar del rol funcional y de jugadores que tienen que reconocerse por detrás de balón para saber cuándo puedo participar del juego y generar una línea de pase, sobrarme, aproximarme para dar continuidades ofensivas, ya sea por dentro o buscando lados contrarios que estén más oxigenados. Y cuándo, por la orientación del jugador que lleva balón, que ya es sobre portería contraria o ya inicia una conducción vertical, yo tengo que pensar qué puede pasar en el momento en que se produzca la pérdida. Y para eso tengo que pensar en aquello que sea más efectivo para defender esa posible pérdida y el consiguiente ataque del rival. Y obviamente en función del número de jugadores que ellos tengan por delante de balón, y en función de las características de esos jugadores, el tipo de defensa que yo vaya a emplear ha de ser diferente. Yo creo completamente que, si yo me estoy enfrentando a un jugador como Benzema, normalmente, uno de mis objetivos sería que siempre que se pudiera, uno de los jugadores defendiera por delante. Y defendiera por interceptación y que no defendiera por anticipación porque Benzema es un jugador que no va a sufrir si tiene un oponente próximo a él que le acosa por espalda, y va a ser el que habilite a siguientes oleadas. Por tanto, hemos de ajustar las condiciones de nuestra futura defensa a las condiciones del oponente.

FdB: Mencionaste varias veces y hace varias preguntas, a los jugadores del lado opuesto. A mí me parecen fundamentales, tanto a la hora de presionar, porque pueden amenazar a varios jugadores, y también en ataque a la hora de aprovechar de ventajas. Ese lado ciego, muy complicado de defender para el defensor. Y cuando trates la parte ofensiva, importancia de que reconozcan el cambio de ritmo que se necesita para aprovechar la ventaja. Tanto individual como de un grupo de jugadores.

F.B: Sí. En relación a los lados opuestos, hay una cuestión que tú comentas y yo creo que es acertada, que es las posibilidades que nos genera el defender en intermedias, en amenazar a jugadores que pueden ser probables receptores para cambiar el sentido del juego. Incluso utilizar la finta para que el poseedor de balón que pueda llegar a estar acosado no tenga claridad sobre cuál va a ser la siguiente acción. Para mí, nos permite, incluso, variar nuestras defensas en espacios activos. Es decir, si yo defiendo en intermedias esos cambios de sentido, normalmente, también en lados próximos a balón voy a estar en distancia para acosar, pero también, con una defensa más zonal. Sin embargo, si yo decido completar la basculación y replegar, muchas veces estoy permitiendo que los jugadores interiores defiendan de detrás hacia delante y puedan ser más activos sobre los posibles receptores cercanos y esto es un principio que yo creo que es fundamental cuando defendemos, y es el hecho de que no sólo el primer defensor sea el que condicione al poseedor de balón. Los jugadores en espacios intermedios y en lados opuestos también condicionan la intervención del poseedor de balón. Y eso es algo que me parece muy efectivo y que genera mucha riqueza defensiva.

Luego, en relación a los lados opuestos o gestión de lados contrarios en ataque, vaya por delante que a mí no me gusta una tendencia que se ha extendido, creo que sobre todo por el rendimiento del Ajax de la temporada pasada, que no sé si alguno lo llama ataque funcional, en el que en muchos casos acumulamos un gran número de jugadores en un mismo espacio, en un espacio más próximo a balón y abandonamos esos espacios contrarios, que para mí son fundamentales, porque al final, si todo jugadores está orientándose sólo sobre el balón, estamos favoreciendo las defensas del rival porque estamos provocando una mayor densidad ocupando con más jugadores menos espacios, con lo cual eso obliga a una precisión mucho mayor para generar desequilibrio y continuidades. Entonces, a mí hasta que se gana cuarta altura, me parece fundamental tener una referencia en anchura en lados contrarios que normalmente esté jugando con una amplitud óptima, es decir, no siempre ha de estar abierto completamente sino que ha de valorar, precisamente, esa distancia que hay con su oponente directo para que en el momento en que haya un cambio de sentido yo, cuanto más cerca de portería esté, mejor, pero a su vez cuanto más tiempo tenga en relación a mi oponente directo también mucho mejor.

Te digo más, me parece fundamental no aislar a los jugadores que están en lados contrarios. Esto es otra cosa que hace muy bien el City. Yo alguna vez he leído y no comparto, que trata de crear sobrecargas en espacio de balón y aislar a un jugador en lado contrario para si el rival es activo sobre balón, este jugador tenga mayores posibilidades de 1×1. Normalmente, el interior o el lateral próximo a ese jugador que está dando amplitud también va ajustando sus distancias para siempre poder intervenir sobre la recepción del extremo que está en lado opuesto y generar distintos cambios de ritmo. Es decir, yo parto de un espacio en el que hay mayor densidad y que al ser una primera circulación me va a resultar complejo progresar directamente, ahí busco ritmos más lentos para atraer, para provocar, para generar y jugar con esas densidades, y que en el momento en que se produzca un cambio de sentido, yo pueda buscar un cambio de ritmo. Y si ese cambio de sentido ya se da en espacios más próximos a portería, obviamente nuestros jugadores en lados opuestos tienen que tener en cuenta: trazar trayectorias diagonales para poder intervenir ya sobre la portería, jugar con el oponente que va a estar mirando balón y que, por tanto, nos va a permitir trayectorias diferentes para ganarle la espalda, y tener capacidad para intervenir sobre el penúltimo pase, no intervenir a partir de la última recepción, sino reconocer que yo no puedo intervenir directamente y por tanto he de situarme en un espacio sobre el que voy a poder intervenir en el futuro como un receptor mediato.

FdB: Un aspecto que acabas de comentar que me parece importante. El recargar en una zona y tener un jugador aislado en la otra. Y creo que hay algo a lo que atender y es que entre que recargamos la zona y enviamos el balón a ese jugador aislado, el tiempo que el balón viaja es un tiempo sin amenaza, hasta que llegue a ese pie. Si tenemos un jugador intermedio y ese balón viaja con la tensión adecuada, etc, hay menor tiempo de corrección defensiva al llegar antes el balón al pie en lugar de viajar tanto tiempo y hay mayor posibilidad de amenaza. Precisamente el jugador del otro lado debe estar “sólo” y no aislado.

F.B: Así es. Yo creo que normalmente ese tipo de cambios de sentido es mejor que sean indirectos a que sean directos. Y esto se ve mucho con las defensas de 5. Cuando utilizas defensas de 5, es mucho más difícil para el carrilero defender una recepción intermedia que se produce entre él y el central colindante de un interior, por ejemplo, que defender una recepción del extremo en máxima amplitud. Entonces provocamos mucho más cuando la recepción es indirecta. Si por la densidad del rival en esos espacios interiores, no se puede provocar ese tipo de recepciones indirectas, como mínimo tengamos jugadores que puedan intervenir sobre la recepción de ese último jugador que va a recibir. En este caso, el interior de turno que cuando recibe el extremo puede cortar a espalda del oponente que interviene sobre el que recibe o un lateral que hace una superposición… ofrecer ese tipo de medios tácticos para superar oponentes y ganarle un ritmo más a la jugada.

FdB: Importancia, en tu opinión, independientemente de cómo juegues, de amenazar cada línea. Que tengan que tener en cuenta lo que van dejando a la espalda y lo que tienen por delante. Muchas veces somos nosotros mismos los que, por nuestras ubicaciones, vaciamos demasiado las espaldas de los jugadores que presionan, terminamos casi jugando en círculo y nosotros mismos nos vamos dificultando ese proceso ofensivo. Insisto, independientemente de cómo juegues. Y que nos comentes también la relevancia de esconder intenciones que nos ayuden a ganar esas espaldas de las líneas que queremos ir superando.

F.B: Yo creo que el hecho de esconder intenciones, que muchas veces se atribuye al poseedor de balón, es un contenido fundamental para absolutamente todos los jugadores, independientemente del espacio sobre el que estén interviniendo. Y creo que es uno de los medios fundamentales para superar oponentes directos. Lo tenemos ya bastante asociado a nuestra última línea, a los delanteros: las posibilidades de redondeo sobre un central y recibir con tiempo a su espalda… pero creo que son contenidos fundamentales para mediocentros, para mediaspuntas y para todos. Y creo que ahí, para no acabar en esas estructuras en “U” que comentas, hay que definir las formas de superar oponentes directos o líneas de oposición.

Y es por esto, lo que hablamos, no es tanto el modelo de juego como los estímulos que podamos percibir, tanto de poseedor como de los rivales, porque yo la forma de superar una línea de oposición directa va a depender mucho, por ejemplo, de si me estoy enfrentando a un intervalo estrecho o a un intervalo amplio, porque sobre un intervalo amplio un interior puede hacer un cambio de pasillo, como dice Bielsa, ampliar la distancia en relación a mi oponente directo un poco lateralmente, para que con el primer contacto yo ya supere esa línea. Si el intervalo es estrecho, normalmente voy a tener que cambiar la línea; mostrarme o partir de un intervalo para finalmente atacar otro. Y del mismo modo hemos de tener criterios para cuando los mediocentros del equipo rival nos defienden por delante y nos defienden por interceptación o cuando nos defienden por detrás. Entonces, creo que todo ese tipo de criterios son fundamentales para que podamos conseguir superar defensas.

Por eso, cuantos menos jugadores tengamos que implicar para superar una línea, en condiciones normales, más ventaja vamos a tener sobre lo siguiente. Por ejemplo, si conseguimos que no se produzcan excesivos descensos de nuestros jugadores más adelantados, en el momento en que yo consigo una recepción limpia a espaldas de su segunda línea, más jugadores voy a poder implicar sobre su última y más amenazas van a tener que controlar.

Entonces, creo que este tipo de medios, ya sea utilizando un tercero en beneficio del segundo que no puede recibir de forma directa y obviamente se produce un descenso para sacar al oponente y durante el tiempo de traslación de balón le gano la espalda… ese tipo de contextos me parecen fundamentales. Y digo que no son atribuibles a un modelo de juego porque obviamente todo esto va a estar condicionado por los quiénes. Pero una vez atendemos a ese quiénes, yo tengo que tener o tengo que conocer formas de progresar de todos los modos posibles, porque yo puedo tener un delantero como Drogba, y entonces pretender sumar muchos elementos en salida para atraer y provocar saltos y en un momento dado reconocer que el rival se ha emparejado, ha ampliado las distancias entre su última línea y su penúltima línea, y por tanto puedo jugar sobre Drogba e incluso puedo jugar sobre Drogba con un pase a control para que active a la segunda línea, o si se han ampliado mucho los espacios, puedo jugar sobre Drogba con un pase tenso a la espalda para que sean los extremos los que ganen ese segundo balón si se produce un despeje del central. Pero, si en el momento en que yo estoy llenando salida percibo que con mis pases no atraigo a nadie, no provoco nada, no se amplían las distancias entre centrales y mediocentros, sus mediocentros están atendiendo mucho más a lo que tienen a la espalda que lo que tienen por delante… si yo en esos casos decido seguir enviando balón a Drogba, yo no estoy jugando un estilo u otro, yo estoy jugando mal, porque no es lo que requiere el juego en ese preciso instante.

Entonces, el modo de provocar que pasen esas cosas ¿qué va a ser? Que las fijaciones no sean fijaciones como tal porque no hay fijación sin amenaza. Si yo no amenazo con mis posiciones, con mis intenciones, no voy a provocar nada en el equipo contrario. Y si yo amenazo y el rival no responde para protegerse de otra cosa, yo tengo que cambiar mis modos de progresión y tener capacidad para encontrar a uno de los interiores en este caso, por ejemplo, que ha descendido, que está libre, que está cerca y que a partir de su recepción ya veremos cómo seguimos provocando cosas. Si lo hacemos mediante una conducción que fije a los oponentes, si mediante una pared para atacar el lado ciego del oponente que ha venido a presionarme o en función de lo que nosotros veamos conveniente en ese momento atendiendo a lo que tenemos, a lo que se nos permita y a lo que no se nos conceda.

FdB: A veces reconocemos en el rival a un jugador que, “desconectándolo” desconectas buena parte del juego del equipo contrario. Antes era más común hacer marcajes individuales, por ejemplo, a esos jugadores. Anularte tú un jugador buscando reducir la influencia de ese jugador rival. ¿Crees más en “desconectarlo” con un jugador en concreto que esté muy encima de él o con un funcionamiento colectivo que, a lo mejor, lo limita algo menos, pero que te permite tener a tu jugador donde tú quieres y no a expensas del rival?

F.B: Yo creo que, y antes no lo comentamos cuando hablamos de las defensas de pares, pero creo que es fundamental en este sentido, dar riqueza a ese tipo de defensas y un modo de hacerlo es que los marcajes no sean al hombre como tal sino que se establezcan referencias en profundidad y referencias en anchura de hasta dónde perseguir y hasta donde intervenir muy directamente sobre determinados jugadores. Por ejemplo, nosotros podemos, como mediapunta, intervenir sobre un 6 “al hombre” en el momento que el central o el lateral de un perfil tiene balón y ese jugador esté interviniendo desde eje pero decantado sobre ese mismo perfil, y en ese tipo de momentos podemos buscar un acoso por espalda y reduciendo muchísimo la distancia para que no pueda recibir, mientras que si ese jugador decide atacar lados débiles o decide jugar en un perfil opuesto o en el carril interior contrario a balón, mi defensa también va a estar condicionada por su posición, pero va a ser por delante y va a ser defendiéndole por interceptación. Y este tipo de defensas, orientadas al hombre en zona, creo que son efectivas porque pocas veces nosotros damos mecanismos a los jugadores en fase ofensiva para superarlas. Un ejemplo muy bueno es la final de Europa League entre el Ajax y el Manchester United cuando el Manchester propone una defensa mixta en la que se interviene sobre 3-4 hombres de modo muy concreto: se interviene sobre un central y se libera al otro. Y el equipo no tiene mecanismos, no tiene recursos para superar ese tipo de defensas, y es por lo que hablábamos antes que desde pretemporada hemos de intervenir sobre contextos a los que nos podemos enfrentar y proporcionar al jugador recursos y herramientas, para superar ese tipo de contenidos.

A partir de ahí, evidentemente, también creo en funcionamientos colectivos varios para tratar de anular, para tratar de que la intervención de ese jugador no sea tan alta o no sea tan productiva. Pero para eso también es importante atender al resto de amenazas que tiene el equipo contrario porque una forma de “anular” a Messi puede ser presionar muy arriba, intervenir muy directamente sobre sus primeros para que haya mucha distancia entre quien tiene el balón y Messi, forzar a que Leo tenga que descender e intervenir sobre zonas en las que no puede crear peligro directamente. Pero si nosotros asumimos eso, normalmente, en lugar de 40 veces él puede intervenir 10, pero en esas 10 sus condiciones se van a ver favorecidas por mi tipo de defensa.

Otra posibilidad puede ser la contraria, a partir de un bloque bajo y flotar sobre ese jugador para que no pueda llegar a superarte, no atacarle defensivamente e incluso permitirle pases con jugadores próximos y que quienes intervengan sobre esos jugadores próximos que intervengan en el momento del pase o en el momento de la recepción, y sus trayectorias defensivas sean precisamente disuadiendo futuras relaciones con él. Es otro tipo de posibilidad que nosotros podemos tener. Y para mí todas son válidas, es decir, yo no descarto la posibilidad de defensas mixtas y por supuesto me gusta que el funcionamiento colectivo nos permita condicionar a sus mejores jugadores y, por ejemplo, si el rival tiene un extremo con muchísima capacidad de desborde pues, o bien reducir la intervención en profundidad de mis mediocentros para que en el momento en que hay pases exteriores puedan constituirse como la ayuda de mi lateral, o si quiero que las intervenciones de los mediocentros sean en profundidad pues variar y ampliar el espacio de intervención en anchura de un central para tener un 2×1 y ya ir ajustándome en espacios interiores con un mediocentro o con un extremo de lado opuesto que pueda fusionar y crear mecanismos, obviamente, para anular las posibilidades de éxito del equipo contrario.

FdB: Desde tu experiencia en cantera, hay un debate sobre que todos los equipos deben entrenar igual y a veces incluso jugar igual. Entiendo que, siempre que se entrene bien, la variedad es riqueza para el jugador. Después a veces pasan de fútbol base a fútbol sénior y no son capaces de adaptarse. Entre otras cosas por este motivo.

F.B: En este caso quiero ser muy prudente porque tengo mucho respeto porque he convivido con coordinadores de fútbol base y sinceramente no me siento una persona capacitada, y ni siquiera me supone un gran atractivo, intervenir en esta parte del proceso. Y además, seguramente, cualquier cosa bien argumentada puede llegar a tener sentido. Es decir, yo entiendo que en un fútbol base de equipo profesional no se pretenda que un jugador tenga mayor capacidad para intervenir sobre todas las posibilidades, sino que querrá perfeccionar a través de unas ideas que se va a encontrar si un día llega al primer equipo. Entiendo que el interés del equipo sea formar de un modo concreto y específico al joven futbolista. Hay otros jugadores a los que le va a venir bien el hecho de convivir con distintos entrenadores, distintos modelos y distintos contextos y le puede hacer un jugador más completo. Y lo puedo entender también.

Normalmente, en equipos que no sean de una entidad, o no tengan un modelo tan definido, es peligroso el hecho de, por ejemplo, asumir toda la estructura de fútbol base un mismo sistema porque cada vez más estamos abiertos a cambios de estructura, estamos muy condicionados por el resultado, que nos lleva a que haya entrenadores diferentes, normalmente con discursos opuestos, porque voy a acabar buscando precisamente aquello que entiendo que no tenía y por tanto va a ser algo diferente lo que viene a lo que estaba. Y luego hay que tener mucho cuidado con determinadas canteras con jugadores de mucha calidad. Si yo impongo que hay que jugar con un delantero y tengo dos nueves con muchísima capacidad, pues puedo estar, precisamente cortando la trayectoria de alguien que puede llegar a ser importante en el futuro. Pero creo que la enseñanza de los entrenadores ha de ir mucho más por lo que comentábamos antes: buscar que el jugador tenga la capacidad de reconocer cuál es la respuesta adecuada al contexto que se está enfrentando. Porque al final, independientemente de mi modelo de juego, la intervención de mi central como poseedor si es presionado por un delantero desde dentro con una trayectoria diagonal no puede ser la misma que si le acosa un extremo desde fuera y con una trayectoria más circular que trate de disuadirme de una posible relación con el lateral.

Entonces, tenemos que convivir con todo tipo de contextos que se pueden dar para encontrar la respuesta adecuada. Y a veces la respuesta adecuada es sumar pases en un espacio y a veces la respuesta adecuada es generar un ataque que si puede ser en un pase mejor que en dos, que si puede ser en dos mejor que en tres, tres mejor que en cuatro, y en otras ocasiones no, porque vamos a necesitar unos primeros pases que nos den el tiempo y nos ayuden a organizarnos para tratar de provocar o atraer a distintos oponentes y que en el momento en que yo decida ser vertical cuente con mayor espacio, mis jugadores más decisivos intervengan en zonas que resulten más peligrosas o que haya una menor densidad. Y creo que hemos de intervenir sobre eso, porque al final no son tantos contextos. Es decir, yo puedo defender con un bloque alto, puedo defender con un bloque medio, puedo defender con un bloque bajo, yo voy a tener que defender el área, yo voy a estar expuesto y va a haber momentos en que como central voy a tener que hacer vigilancias a dos puntas, a tres puntas o a un punta… rara vez voy a hacer una vigilancia a ocho delanteros porque nadie juega con ocho delanteros.

Entonces, la formación de hoy debe ir, como siempre, a lo que nos podemos encontrar en el juego, que también un porcentaje altísimo de la alta competición va sobre esto. Yo he visto a, en este caso, Pep Guardiola en la primera pretemporada de Lewandowski en el Bayern de Munich, moverle los hombros durante un juego de posición para hacerle ver que con esta orientación ya puede ver al poseedor y a lo siguiente que está por delante de él y con esta otra sólo puede intervenir sobre un jugador y va a ser más fácil que el rival presione un pase de repetición. Entonces, creo que ese tipo de formación es fundamental a todas las edades. Obviamente, en la élite el jugador llega con un bagaje y unas experiencias que hacen que podamos no detenernos en unas cuestiones pero creo que también vamos a tener que detenernos en otras en función de lo que valoremos o le demos importancia o entendamos que se debe mejorar.

 

«Yo creo que el entrenamiento es todo. Y cuando digo que el entrenamiento es todo, digo que tú puedes llegar a condicionar la conducta de un jugador mediante una tarea en la que provocas que pasen determinadas cosas, mediante el feedback que tú estás dando durante esa tarea, mediante un vídeo sobre un oponente directo al que se va a enfrentar y proponiendo medios de ataque para superarlo, mediante un vídeo para ajustar o para atender a cuestiones que se han hecho durante el partido anterior, y a veces mediante una simple conversación cuando acaba el entrenamiento.»

 

FdB: Dentro de la planificación de las situaciones de entrenamiento, a veces generamos contextos que creemos que son reales pero hacemos unas modificaciones, o metemos unas consignas que no sé si cuestionan esa realidad que le queremos dar. Y además, yo creo que los entrenadores vamos viviendo un proceso en el que damos mucha importancia al diseño, variación de tareas, etc, y nos vamos encaminando a que la información que da el entrenador es la clave. ¿Crees que el mayor nivel de intervención del entrenador es en esa información que le da al jugador durante la tarea?

F.B: Yo creo que el entrenamiento es todo. Y cuando digo que el entrenamiento es todo, digo que tú puedes llegar a condicionar la conducta de un jugador mediante una tarea en la que provocas que pasen determinadas cosas, mediante el feedback que tú estás dando durante esa tarea, mediante un vídeo sobre un oponente directo al que se va a enfrentar y proponiendo medios de ataque para superarlo, mediante un vídeo para ajustar o para atender a cuestiones que se han hecho durante el partido anterior, y a veces mediante una simple conversación cuando acaba el entrenamiento. Teniendo una conversación abierta con el jugador, hablando sobre cualquier cosa se puede llegar a condicionar a una persona. Muchas veces cogiendo a un jugador cuando acaba el entrenamiento para pasarse el balón y decirle que en función de la distancia que hay con un oponente, puede abrir más o menos el control… Todo ese tipo de cosas, para mí, forman parte del entrenamiento. No tenemos que reducir el entrenamiento a la hora y media o a la hora en la que estamos en el campo. Luego, en ese tiempo en el terreno de juego, para mí sí que es más importante la intervención del entrenador que la tarea sin despreciar la tarea. Es decir, la tarea es un medio y es una ayuda para aquello que nosotros que queremos fomentar se vaya sucediendo y el jugador tenga la capacidad de visualizar y atender a lo que se propone.

Creo que es importante, en ese sentido, que las tareas tengan que ver más con intenciones que con conceptos. Más con intenciones que conceptos. Que no haya una tarea para un tercer hombre sino que la tarea sea para generar un tipo de progresión. Esa progresión y esa variabilidad no tiene que ver con la tarea sino con los jugadores y con aquello a lo que me estoy enfrentando. Si yo como jugador recibo y no tengo un oponente próximo a mi espalda, quiero que la progresión sea mediante un giro, con una primera recepción hacia delante que me permita ya ir a campo contrario. Si yo percibo que tengo un oponente que me imposibilita girar, entonces seguramente me voy a tener que apoyar en un tercero para que él, que está de cara y con tiempo, pueda intervenir.

Entonces, me parece importante que las tareas tengan que ver con intenciones y no con medios tácticos. Y que esas intenciones sean coherentes a lo largo del proceso. Y que el mensaje esté bastante unificado. Y por eso, para mí no es tan importante que haya muchas tareas sobre mismos contenidos, sino que consigamos tareas donde suceda aquello que pretendemos, que nos permita intervenir sobre aquello sobre lo que queremos generar un impacto y que no es importante, que incluso nos puede ayudar, que haya poco número de tareas durante el año para que el jugador, precisamente no tenga que pensar en la tarea y su funcionamiento sino que tenga que pensar, única y exclusivamente, en el juego.

 

«es fundamental que nosotros manejemos el grado máximo de complejidad y tratemos de conocer y tener respuestas para absolutamente todo lo que puede pasar en un terreno de juego, pero que tengamos también esa capacidad para, teniendo esto, saber aquello que nosotros debemos transmitir.»

 

FdB: Especialmente en esta última etapa, que estás con jugadores de élite, pero también antes. Cómo es la gestión de esa información para, buscando ayudar, no sobrecarguemos al jugador. Y menciono los jugadores de élite por si pueden ser más reticentes que un chico de fútbol base a lo mejor.

F.B: Yo creo, en este sentido, que es fundamental que nosotros manejemos el grado máximo de complejidad y tratemos de conocer y tener respuestas para absolutamente todo lo que puede pasar en un terreno de juego, pero que tengamos también esa capacidad para, teniendo esto, saber aquello que nosotros debemos transmitir. Y que incluso la información más general sea muy simple, es decir, si nosotros nos vamos a enfrentar a un oponente que presiona en rombo, que nosotros no tengamos el por qué valorar todas las alternativas con las que nosotros podríamos superar un tipo de defensa concreta sino que nosotros, por ejemplo, tengamos dos planes ofensivos muy generales. Un primer plan puede ser jugar con una línea de 4 paralela para ampliar la distancia entre nuestro lateral y su interior, y a partir de ese tiempo que vamos a tener, o esa recepción que va a estar facilitada, ir generando movimientos y comportamientos por delante para superar esa presión, o en otros momentos puede ser formando una línea de 3 con portero para crear una una primera superioridad contra esos 2 delanteros y jugando con dos jugadores en la base para tener una segunda superioridad sobre su mediapunta. Entonces, valorar el salir 4+1 y valorar el salir 3+2. Y el llevar a cabo una u otra, muchas veces, en función del momento: de lo que sientan los jugadores, de los estímulos a los que atiendan, de si está saliendo una bien o no está saliendo bien y tenemos posibilidad de manejar la otra… Pero no tratar de volcar todo el conocimiento sobre el jugador. Tratar de ser efectivo, que la información le sea productiva. Conocer e intuir a los jugadores y saber que hay un perfil de jugador que tiene una mayor inquietud y que yo voy a poder encontrar un espacio para hablar de determinadas cuestiones, que incluso a él le pueden acerca a mí porque va a sentir que estando próximo a mí su rendimiento se va a ver incrementado; y hay otros jugadores con los que no se puede llevar a cabo ese tipo de entrenamientos, con los que hay que acertar mucho y saber que la información que se da ha de ser decisiva, que le tiene que salir. Tiene que creer que eso le genera éxito y, por tanto, otra vez se va a aproximar a ti.

Y en otros casos, incluso si nosotros, precisamente, hablamos de que valoramos más la intención que el concepto, si nosotros estamos generando, por ejemplo, como hablábamos antes, conciencia de profundidad, puede que un jugador como Luis Suárez no lleve a cabo todo los movimientos del modo en que nosotros teóricamente entendemos que se puede sacar más rendimiento. Pero si a su manera él encuentra el objetivo final, que es recibir a espalda de sus oponentes directos y estar en disposición de finalizar a uno o dos contactos, nosotros tenemos que valorar eso en un jugador de esa entidad y tenemos que darle ese espacio para que lleve a cabo lo que él viene haciendo y lo que le ha hecho grande. Si hay momentos en que vemos a ese jugador más atascado, que no está teniendo éxito y hay una determinada relación, pues va a ser más fácil intervenir. A veces mediante un vídeo en privado, no señalando en público para que el jugador no sienta esto como una corrección y la sienta como información. Creo que ese tipo de cuestiones pertenecen al ámbito de la gestión. No únicamente al ámbito de la gestión porque la gestión y el conocimiento no se pueden disociar ni se pueden entender como entes aislados.

Muchas veces, para gestionar bien, tengo que tener la capacidad de no transmitir tanto conocimiento, y en ocasiones, tengo que buscar diseños más simples o encontrar espacios para ellos y tareas que no tengan o no sean tan significativas de cara el domingo pero a ellos les genere confianza o sensaciones en pos de otra cosa. Y a lo mejor sentimos que nos haría llegar más preparados hacer otra cosa pero en ellos genera una reacción que no es positiva y, por tanto, su rendimiento no se va a ver mejorado.

FdB2: Un poco, atendiendo a tu edad y a lo que estás comentando, de la calidad de la información y conocimientos que puedas tener, ¿notaste que al llegar al fútbol profesional, donde hay jugadores mayores que tú, que tu aval es ese conocimiento?

F.B: Sí. Obviamente los entrenadores que no han sido futbolistas, uno de los modos más claros de liderazgo que tienen es, precisamente, el conocimiento. Es hacer ver que lo que me dice esa persona me hace mejor y por tanto yo me voy a aproximar a ella. En el caso del segundo entrenador puede no llegar a ser sólo eso o no siempre tratar de acercarte de ese modo, porque al final con tu figura o con el rol que desempeñas se puede generar una naturalidad que a veces no tiene que ver con el conocimiento sino que la edad, que de ser un factor negativo puede ser un factor positivo porque si hay un jugador, por ejemplo en este caso, que llega a Qatar con 29-30 años y se encuentra en un contexto y una cultura completamente opuesta, que va a vivir en una residencia similar a la mía, que tiene una pareja desde hace dos años como puedo tener yo, pues puede haber cosas que nos acerquen, más allá de que su figura y la mía sean distintas. Entonces, hay que ser inteligente para encontrar los modos de intervenir de la mejor manera posible, con naturalidad y también tratando de, o mostrándose, como uno más. Controlando bien cómo te acercas a él desde el conocimiento. Porque al final también él tiene un bagaje, una experiencia… muchas veces tu único rol no es enseñar a un jugador de 29-30 años que en muchas ocasiones viene enseñado. Sino poner al servicio tu conocimiento, tu ser y su capacidad para el equipo.

FdB: Precisamente al hilo de esto y de esta experiencia, ¿cómo te ayudó el tener que comunicarte en otro idioma a la hora de mejorar comunicativamente? En menos tiempo que tengas que explicar de mejor manera. En cambio aquí no lo tenías tanto en cuenta porque el idioma no era una barrera.

F.B: Es exactamente eso. Es precisamente eso lo que se aprende. Tú para transmitir cualquier tipo de información, contenido, tarea y demás, no te puedes ayudar tanto del lenguaje, y por tanto, has de ser concreto, tienes que tener un impacto todavía mayor en cada palabra que uses porque vas a usar menos. Entonces, te ayuda precisamente a eso, a ser preciso con el mensaje y a impactar con el mensaje sabiendo que no te puedes ayudar en exceso y no puedes caer en la verborrea. Una de las cosas que me ayuda es a cómo puedo transmitir información al jugador con cuantas menos palabras mejor y de la forma más clara, lo cual es algo que no creo que te ayude únicamente por la limitación del idioma sino que te ayuda también el día que vuelvas a España y cualquier tipo de información, tanto para las propias dinámicas de entrenamiento, si tengo que explicar una cosa en un minuto, el entrenamiento se para un minuto; si yo la explico en tres o cuatro, el entrenamiento se para tres o cuatro. Y si yo con cuatro palabras capto la atención de un jugador va a ser más fácil que él atienda a lo que queremos que si yo necesito 3-4-5 minutos y el jugador desconecta.

Por un lado, esto me parece importantísimo. Por otro lado, el hecho de funcionar en otro idioma al final te permite una mayor calidad de absolutamente todo. A nivel cultural, a nivel de idioma, a nivel de posibilidades en el futuro de dirigir en otros países… y creo que es una de las cuestiones más positivas de nuestra aventura en Qatar. Tanto para mí como para Rubén, que nunca tuvo que utilizar la figura del traductor y siempre interactuó con todo el mundo en inglés.

FdB: Una curiosidad que se me acaba de venir a la cabeza hablando acerca de las pausas. Tú vives en una zona cálida, Qatar también lo es, pero León no. ¿El clima te influye a la hora de planificar o gestionar tus intervenciones y las pausas que acarrean? A lo mejor querrías excederte menos en algunos momentos pero para poder dar una pausa, que además tenga contenido, te excedes un poco más.

F.B: Yo creo que el clima condiciona, es decir, seguramente entrenando en León el protocolo previo al entrenamiento puede llegar a ser un poco más amplio para que durante el entrenamiento todo sea más fluido y haya menos interrupción que aquí en Valencia o que en Alicante, donde el clima te permita distintas cosas. Creo que eso es una cuestión que hemos de valorar pero también creo que el entrenamiento tiene su propia vida y que no siempre nos tenemos que obsesionar con que todo sea absolutamente fluido, todo cambio de tarea tarde 90 segundos en llevarse a cabo, la explicación tenga que ser de menos de un minuto… creo que hay momentos y momentos. Creo que la continuidad en muchas ocasiones favorece, pero la discontinuidad durante el entrenamiento también puede favorecer. Y que debemos buscar en cada momento cuál es la mejor forma de generar un impacto en el jugador.

FdB: Ponte en situación. Llegas a un equipo nuevo. A la hora de organizar ese proceso de construcción de un equipo, para poder llevarlo a cabo correctamente y generar situaciones y observar el potencial de tus jugadores, sus interrelaciones, etc, ¿cómo de importante es tener bien estructurado en tu cabeza el juego para poder llevar a cabo eso? Tu forma de estructurarlo, no que haya una manera correcta. Y dentro de ese proceso de concepción de juego o llámale como quieras, dos cuestiones: si crees en afianzar un 11 para luego, como dice Luis Bonilla, aunque no se refería a esto en concreto, pero creo que se le puede aplicar, construir sobre los construido. O si hay que valorar también qué pasa con el resto que no pertenece inicialmente a ese 11, o ese 8 base. Y la dependencia que podamos luego llegar a tener de esa base si se nos caen elementos.

F.B: En primer lugar, yo creo que cuando llegas a un equipo, la única diferenciación que a lo mejor se puede hacer entre la primera semana y el resto es unas primeras tareas que yo llamo tareas de fase. Donde buscamos contenidos generales, muchas veces de forma independiente a la estructura o a aquello que pretendemos. Es decir, buscar espacios, buscar diseños donde, por ejemplo, si nosotros estructuramos el campo a lo ancho en cinco pasillos, en el momento en que nosotros tenemos el balón, o recuperamos el balón, vamos a querer que esos pasillos estén ocupados. En el momento en que perdemos el balón, o estamos en fase defensiva, seguramente vamos a querer vivir en tres pasillos. Ese podría ser un principio de fase defensiva. Nosotros queremos dotar al equipo de profundidad… ese tipo de cuestiones, que se pueden llevar a cabo en tareas más menos abiertas, donde el jugador puede expresarse de un modo que a mí como observador me vaya a generar contenido futuro, es perfecto. A partir de ahí, yo creo que debemos ir, por eso os decía desde el primer día, podría llegar a ser desde la segunda semana, o debemos atender a aquello que nos vamos a encontrar en la competición. Entonces, por ejemplo, si nosotros en profundidad hablamos de tres espacios o de cinco espacios, de inicio, creación, finalización y demás, yo también valoro el distinguir los criterios en campo propio de los criterios en campo contrario. Los medios que tenemos en campo propio para progresar y los medios que tenemos en campo contrario para finalizar.

Tenemos que, ante distintas formas, ante distintas estructuras, buscar llevar a cabo según qué cuestiones con las estructuras que prevemos que nos van a ser más útiles por los jugadores que tenemos o por aquello en lo que creemos. Y que debemos ir a eso. Y cuando estamos yendo en esa dirección, es una virtud absoluta del primer entrenador, y del staff en este caso, conseguir fomentar ese “once” sin parecerlo. Y aquí seguramente no me acabe de explicar bien. Pero cuando Paco Seirul.lo habla de las superioridades socioafectivas, ¿cómo vamos a poder atender y potenciar estas superioridades durante la semana si para que no se vea el equipo que vamos a sacar el domingo nunca, los jugadores que han de interactuar en el espacio no son los que van a tener que interactuar en el partido? Pero a su vez, si nosotros mostramos esto desde el principio corremos el riesgo de, por un lado, abandonar jugadores que luego van a ser importantes, porque rarísimamente el equipo de la jornada 1 es el de la jornada 38; y a su vez que esos jugadores no sólo no adquieran conocimientos sino que se te puedan llegar a caer de la dinámica del equipo. Entonces, creo que para eso también es importante que en un momento dado el jugador entienda, que hay quien lo entiende y hay quien no, que sí puede llegar a haber titulares y suplentes, y que normalmente siempre hay un núcleo que se constituye de 7-8 jugadores, que prácticamente en todos los clubes podemos sacar ese número de titulares por equipo; pero, que tengamos capacidad y que no tengamos miedo a durante la semana intervenir sobre todos. No igual pero sí fuerte. Porque esto es algo que me ha pasado a mí en juveniles, que hay momentos en los que jugadores que no están jugando, tu intervención varía casi hasta por miedo a su propia reacción.

Es decir, este entrenador no me pone nunca el sábado y me viene el lunes o el martes a girarme la cadera para que controle así o que controle asá. Que me ponga y ya veremos de lo que soy capaz. Pero a su vez, si nosotros tenemos esto en la cabeza, el jugador va a acabar sintiendo que no le atendemos, que no le hacemos mejor, y por tanto, que no va a tener posibilidades de revertir su situación. ¿Con cuánto a cada cuál? Seguramente es una pregunta de máster y yo no te sabría contestar.

FdB: En cuanto a la estrategia operativa, por una parte, en una charla de estas virtuales, Fernando Vázquez decía que era muy prudente con la información sobre el rival porque podía “meter miedo” a los propios jugadores por una posible sobre importancia dada al equipo contrario. Y por otra parte, también hay quien cree que puede generar sensación de desnaturalizar al equipo. Que los equipos cambien totalmente en función de un rival u otro es muy complicado. ¿No sería más útil cambios en la estrategia a nivel micro? Y que eso constituya la verdadera estrategia en lugar de otro tipo de cambios más “grandes”.

F.B: Es difícil saber dónde empieza y dónde acaba la estrategia operativa. Yo te compro muchísimo eso de que hablemos de cuestiones micro que van a condicionar, que van a formar parte de esa estrategia operativa como puede ser, por ejemplo, que si yo detecto que su lateral derecho encima antes de tiempo y acosa a muy poca distancia al extremo, yo busque con ese extremo que haya fintas previas para acabar recibiendo a su espalda. Pero este contenido que le estamos dando al extremo, a su vez, lo tenemos que relacionar con el resto del equipo. Y seguramente el interior de ese sector, el lateral o el central de ese perfil han de conocer y han de ser conscientes de esto para que ese tipo de pase vaya a ser al espacio o vaya a ser picado y no vaya a ser sobre su primer movimiento.

Entonces, al final, cualquier tipo de detalle acaba condicionando lo que vayamos a llevar a cabo durante un partido. Yo creo que es importante tener la capacidad de intervenir sobre esto. Que en un momento dado detectemos que el intervalo que hay entre su extremo derecho y mediocentro derecho se suele abrir más que el que hay en el otro perfil, y por tanto, hagamos conscientes a nuestros primeros jugadores de que ese tipo de espacios se pueden atacar con pases verticales y a su vez a nuestro extremo, a nuestro interior, a nuestro delantero, que ocupe espacios que el rival no sabe o que no puede defender. Luego, creo que para tener capacidad para intervenir, casi exclusivamente sobre eso, previamente necesitamos un conocimiento del juego en relación a los espacios y en relación a los tipos de modelo.

Es decir, si yo sé manejarme ante presiones de 3 jugadores que intervienen sobre primera línea, ante presiones de 2 jugadores o ante un bloque medio, voy a tener que incidir en el detalle. Si yo sólo sé atacar bloques medios, en el momento en que me vengan con un bloque alto voy a necesitar variar y transformar muchas más cuestiones para tener éxito. Por eso hablamos que desde el día uno de pretemporada hemos de saber enfrentarnos a distintos oponentes, a distintas estructuras, distintos tipos de defensa y de ataque. Y al final, volvemos una vez más a lo mismo. Yo creo que hay en equipos a los que el tener una estructura más menos definida, que puede ser un 4-3-3, un 3-4-3 y demás, le genera al jugador seguridad. Le genera certidumbre y siente que conoce aquello que está haciendo. Pero a su vez, hay espacios o estructuras a las que yo me voy a enfrentar mejor ocupando según qué espacios, por lo tanto, ahí está también la calidad de intervención del entrenador que en un momento dado, desde el 4-3-3, hace ver que no vamos a jugar a 4-2-3-1, sino que el interior izquierdo, en este partido, porque ellos tienen un 4-4-2 que es muy activo sobre nuestra primera línea, queremos que descienda y esté más próximo al mediocentro para liberar el espacio que hay a la espalda de sus jugadores y que nuestro interior derecho pueda actuar entre líneas, o bien su espacio o bien en el eje como un mediapunta. Y que ese tipo de cuestiones vayan tomando forma en el entrenamiento.

Es decir, nosotros vamos a seguir superando oponentes directos del mismo modo. En función de cómo me vengan vamos a varias las formas para encontrar los caminos o las subestructuras que más nos convenga, desde ubicaciones en las que el jugador se reconozca para atacar a determinados equipos. Entonces, yo creo que hay que saber jugar con esas variaciones y que va a haber momentos donde se genere un grado de confianza, incluso un grado de conocimiento en lo que somos que nos va a permitir movernos mucho más. Y hay momentos en los que, a lo mejor, hay que ser más rígido y tratar de construir las ventajas a partir de ubicaciones o de posiciones más rígidas donde el jugador ya tiene un cierto conocimiento de lo que pretende y de lo que es como equipo.

FdB: Escuchamos mucho la típica frase de: el fútbol de es los jugadores. Rubén Albés comenta que para él el fútbol es de los equipos. ¿Las evoluciones del fútbol, dependen más de los jugadores o de los entrenadores? No es una disyuntiva pero para confrontar un poco esos dos protagonistas. Me explico: Guardiola hace que todos cambien cuando inicia su trayectoria como entrenador del Barcelona. La gente que se enfrenta a él hace que el fútbol evolucione también porque lo comienzan a contrarrestar mejor. Siendo verdad, creo, que los más importantes son los jugadores.

No recuerdo a quién le leí en Twitter, que buena parte de la evolución venía, no sólo de los entrenadores que consideramos top, sino de los equipos “pequeños” que se han tenido que enfrentar a ellos con equipos con menor potencial y han tenido que elevar el nivel de los mismos brutalmente para poder enfrentarse a ellos.

F.B: Si, al final es un círculo vicioso, o virtuoso en este caso. Hay entrenadores que tienen la capacidad para proponer cuestiones que no se saben neutralizar. Buscamos modos para poder hacerlo, con lo cual, el tipo de oposición varía y aquel que había encontrado un modo determinado de atacar un tipo de defensa concreta, ha de variarlo y ha de evolucionarlo para oponerse o superar otros tipos de defensa con otro tipo de medios. Y ahí creo que es fundamental la creatividad por parte del jugador, y la creatividad por parte del entrenador. Y entender que el entrenador también es creativo. Yo sobre esto creo mucho en una cosa que decía Marcelo Bielsa, y es que viendo a jugadores top que pueden llegar a hacer cosas, muchas veces, de un modo innato, que nadie le haya enseñado pero que está ahí, y que nosotros tenemos que tener la capacidad de recogerlo para hacer conscientes a según qué jugadores de que esos comportamientos nos pueden venir bien. Yo pongo el ejemplo de Messi. Es un jugador que cuando llega a área tiene la capacidad de pararse tres segundos antes que el oponente.

Entonces, Messi puede llegar a pararse porque se lo hayan enseñado o puede llegar a pararse porque haya intuido que, en momentos en los que el rival repliega y está teóricamente superado, el primer objetivo va a ser llegar a defender a la altura de balón y no defenderle a él. Y si se para, ese espacio se amplía. Porque si ese espacio se amplía y él recibe al pie, va a tener más posibilidad para orientarse y disparar con la izquierda que de tener que intervenir sobre dos centrales, que son más grandes que él, que ya están protegiendo ese espacio y que le van a proponer un duelo aéreo. Entonces, puede que Messi lo haga de forma innata, puede que sea por las vivencias de toda la experiencia acumulada. Pero, cuando tú empiezas a ver que las defensas, ante según qué ataques tienen que atender mucho más a balón y priorizar los espacios que a los oponentes directos que entran de frente, pues nosotros tenemos que encontrar contenidos para que esa gente que viene tenga ventajas a la hora de rematar. Y así con todo. Es un poco lo que hablábamos antes cuando comentábamos que hay medios tácticos que “nacen” por la “incapacidad” de los jugadores. Es decir, si yo tengo un jugador que no tiene la capacidad para girarse sobre un oponente, seguramente yo tengo que buscar jugadores en espacios intermedios para que se pueda apoyar y que la progresión sea de otro modo. ¿Cómo nace eso? Muchas veces nace de la capacidad del jugador que encuentra esas referencias para luego recibir girado. Y muchas veces de la capacidad del entrenador que intuye que progresando de un modo no saca ventajas y ha de pensar en procedimientos que sí que le den ventajas. Entonces, yo ahí creo mucho en la creatividad por parte del jugador, por parte del entrenador, en esa retroalimentación y que obviamente el entrenador es más cuanto mejores tenga, pero que los jugadores pueden ser más con un entrenador que es mejor.

FdB: Yo creo que hubo una revolución, digamos, en cuanto al portero y los centrales, que empezaron a tener que hacer muchas más cosas de las que venían haciendo. Ahora los laterales, que ha pasado de ser el puesto al que iba el jugador que menos encajaba, a tener ahora una importancia capital. ¿Crees que va a haber una siguiente posición a la que le busquemos una revolución al rol que ejerce?

F.B: Yo creo que ha habido en los últimos años una mejora condicional de prácticamente todos los jugadores. Esa mejora condicional provoca que puedan intervenir sobre más espacios y que varíen los recorridos de los jugadores… creo que de un tiempo a esta parte, el interior box to box ha vuelto porque obviamente suele ser más difícil defender una penetración de un penúltimo al que no podemos atender por distancia antes de su movimiento, que sobre un delantero que normalmente ya va a estar fijado por un oponente directo que puede intervenir sobre su carrera. Y creo que, por tanto, esa mejora del jugador a nivel condicional provoca que podamos llevar a cabo más cosas porque tenemos más recorrido. Creo que se van a seguir ampliando esos recorridos. Por ejemplo, sobre el recorrido de los centrales. Es un recorrido que suele tener más relación en anchura, es decir, me presionan 2 jugadores, amplio las distancias, me presiona uno, las reduzco, interviene mi portero como uno más durante el inicio, me ubico en un espacio, me ubico en otro… pero tienen pocos criterios en profundidad. Pasa poco que jugadores de primera línea transformen y se constituyan como jugadores de segunda línea siendo centrales. Lo solemos hacer con laterales, cuyo recorrido, en condiciones normales, es más largo que el que pudiera tener un central. Creo que ese tipo de intervenciones, que ya se están viendo, tanto en el portero como en los centrales, se van a seguir produciendo en según qué equipos. Creo que este es un juego de tanteo corto, por tanto, no todos los equipos van a tener capacidad de mostrar este tipo de comportamientos.

Hay que saber jugar con lo que nos puede beneficiar y con lo que nos puede condicionar negativamente, porque al final, cuando hablamos de transformaciones de primera línea son situaciones que se producen a 80 metros de la portería contraria y a 10 de la nuestra. Entonces, no siempre una ventaja allí me va a permitir darle continuidad con ventajas posteriores. Pero entiendo que va a ir por ahí. y, a su vez, creo que estamos viendo una mejora pero todavía hay un campo muy amplio para atacar a defensas de 5, creo que vamos a tener que llegar a atacar defensas de 6. Estoy convencido de que se van a proponer muchas más defensas de 6. Y creo que debemos mejorar mucho como entrenadores, para mí, en dos espacios del juego que son muy comunes: uno, los ataques en campo contrario. Interacciones, procedimientos, criterios, para superar defensas y superar oponentes directos. Otro, las transiciones ofensivas en el momento de la recuperación. No se establecen criterios de calidad para superar esa primera presión de la forma más efectiva posible. Y yo creo que tenemos un campo de mejora en ese tipo de contenidos.

FdB: Nuestro deporte, a diferencia de balonmano o baloncesto, tienes un único momento para hablar con los jugadores desde el inicio del partido. No hay tiempos muertos para poder hablar con todos. ¿Cómo te enfocas para, el tiempo que estás en el banquillo, poder ayudar al jugador? Y teniendo esto en cuenta, ¿crees interesante variar los planes de partido después del descanso, que ya no hay tiempo para que jugadores y entrenador charlen sobre los problemas que se están encontrando? Precisamente, cuando hablen de los problemas de la primera parte y lleguen a una solución, cambiarles los problemas.

F.B: Yo creo que se van a establecer sistemas de comunicación durante partidos entre cuerpo técnico y jugadores que nos permitan que, determinados planes sobre los que hemos trabajado previamente, se puedan llevar a cabo en función de aquello que se está oponiendo a nosotros. Creo que ese sistema de comunicación con una palabra, con el contacto sobre el jugador, con una seña, con lo que nos parezca y nos resulte más productivo y sea más facilitador para el jugador, va a existir. Y creo que debe ser algo muy directo, que tenga mucho impacto y no necesite de demasiada explicación o intervención. Creo que luego, en el descanso, sí que podemos aprovechar para aquello que pretendemos hacer, o en función de lo que nos vamos a esperar, darle información y darle herramientas al jugador para desarrollar el plan que entendemos se va a llevar a cabo, se lleve de la mejor manera posible. Hay un espacio de intervención bastante importante para entrar en esos matices, en esos detalles, pero creo que la dirección de campo llega a ser casi tan fundamental, o más, que esos 15 minutos. Y encontrar esa comunicación durante el juego va a ser, posiblemente, más fundamental que la intervención que nosotros tengamos en el descanso.

A partir de ahí, creo que la forma de ayudar por parte del entrenador viene a ser la de reconocer qué es lo que mejor nos viene. Tener esa información para, si nosotros nos estamos atascando a la hora de iniciar el juego ante una presión de 2 jugadores sobre nuestros centrales, que la respuesta que nosotros demos, sea con una lateralización de uno de los mediocentros, sea sumando un jugador a esa primera línea, venga bien. Si nosotros conseguimos percibir que en espacios alejados a balón se nos conceden posibilidades para intervenir con jugadores a la espalda, la capacidad de detectarlo y valorar qué jugadores pueden ocupar ese espacio. O que ese espacio esté ocupado y podamos sacar provecho de ello. Al final es, precisamente, tener esa capacidad, tener esa visión, tener esa intuición en muchos casos para dar una información que nos resulte efectiva.

FdB: ¿Qué importancia crees que tiene que un club genere valor a través de darle formación al entrenador? Que sea como un aliciente más para los entrenadores. Y también que los clubs pudieran llevar a cabo una cantera de entrenadores. Que supongo un factor extra para que los entrenadores quieran ir a determinados sitios.

F.B: Sí, me parece una idea interesante. Yo creo que es muy importante que en los staff haya espacios para la reflexión y para el debate. Me parece fundamental y muchas veces la competición no te ofrece tiempo para valorar según qué cosas que pueden llegar a ser importantes. Por ejemplo, cuestiones micro como puede ser la posición de los hombros cuando estoy defendiendo en banda a un jugador a pie natural y su diferencia cuando defiende a un jugador a no pie natural. Y creo que ese tipo de cuestiones, podemos estar los tres debatiendo 40-45 minutos, que lleguemos a una conclusión que nos convenza a los tres y por tanto, buscar formas didácticas para transmitírselo al jugador y que nuestros laterales defiendan de esa manera. Y creo que es nos va a enriquecer a todos. Por tanto, encontrar espacios para la reflexión sobre el juego ya es importante y ya es una forma de darle contenido a nuestros entrenadores.

Es importante también, y podría llegar a ser una excusa incluso para generar estos espacios, el hecho de tener una comunicación que sea coherente dentro del club. Que todos llamemos a los mismos de la misma manera, es decir, yo puedo decir que mi delantero “ataque el lado ciego” de un central, y otra persona pueda decir “está atacando la espalda” de ese central. Y no hay una forma buena o una forma mala, pero pongámonos de acuerdo para ser coherentes y que el jugador sepa que cuando hablamos de una cosa, se habla de esa cosa. Con lo cual tenemos ahí ya otro espacio para fomentar esas interacciones entre distintos entrenadores.

Y luego, es verdad que nuestra profesión abarca un número de campos, prácticamente ilimitados, que creo que tenemos esa suerte durante la cuarentena, que es imposible aburrirnos porque siempre va a haber algo sobre lo que podemos mejorar. Podemos hablar de psicología también, de formas de liderazgo, de ataque, de defensa, de cuestiones micro, de cuestiones más macro, de formas didácticas… de absolutamente todo. Pero creo que sí que hay cuestiones que pueden ser fundamentales, que las hemos ido comentando. La intervención del entrenador durante el entrenamiento. Podemos hablar de ello. Podemos hablar de si durante una tarea, si durante descansos entre series o entre tareas, si es antes o después del entrenamiento. Si mi feedback se tiene que reducir a lo que es el objetivo de la tarea o a lo que va a pasando sobre el juego para generar un conocimiento mayor. A lo mejor genero un conocimiento mayor, pero a lo mejor quiero abarcar tanto que el jugador no adquiere nada…

Todo ese tipo de cuestiones, ponerlas en común y perfilar ideas para que todos nuestros entrenadores, más menos, se lleguen a asemejar sin dejar de ser ellos mismos y sabiendo y teniendo en cuenta, como debatíamos antes, ¿intervención del entrenador o diseño de tarea? Va a haber quien sea más fuerte en una cosa y habrá quien lo sea en la otra, lo cual es perfecto, pero hemos de tratar de ser lo mejor de nosotros mismos tanto en una como en otra.

FdB: ¿Qué valoras de un jugador?

F.B: Lo primero que valoro de un jugador es su talento, las posibilidades que nos va a ofrecer a nosotros los entrenadores. Valoro su inquietud, valoro su capacidad de trabajo, valoro que sus formas repercutan sobre el resto. Bien porque sea un ejemplo, bien porque sea un profesional, bien porque entrene muy bien… Y luego valoro naturalidad en las relaciones. Jugadores con capacidad para escuchar, para comprender que lo que les expresa un entrenador es con la intención de que su rendimiento sea mejor, y a su vez, con la personalidad para que esa interacción sea de tú a tú y que el jugador pueda expresar sus inquietudes y valoraciones al entrenador.

FdB: ¿Qué valoras de un entrenador?

F.B: Valoro el liderazgo, valoro la capacidad de empatizar con los jugadores y con la gente de la que es responsable. Valoro, sobre todo, conocimiento. Y a su vez, valoro la capacidad que tenga para saber cómo transmitir ese conocimiento. Es decir, no nos vale sólo con conocer mucho sobre el juego. Eso no te hace mejor entrenador. Pero sí que te posibilita serlo si tienes la capacidad de transferir esa información del modo adecuado.

FdB: Importancia de la formación continua del entrenador. Dentro de ello, a veces en lugar de buscar tantos cursos y demás, si crees que tenemos que dedicarle más tiempo a la observación del juego, que es accesible a todo el mundo, y sacarle mucho más provecho.  A su vez, dentro de este tiempo en el que no estás en ningún club, si te creas una rutina de trabajo para llevar a cabo esa formación, como podrías tener si estuvieras entrenando.

F.B: Yo creo que la formación es fundamental. Antes habíamos hablado de que yo no puedo enseñar aquello que no conozco. Cuanto más me forme, en condiciones normales, más voy a conocer. Por tanto, más posibilidades voy a tener de intervenir adecuadamente sobre mis jugadores. Creo que hay distintos grados y distintas capacidades, y por tanto, distintos momentos. Es decir, yo no critico las ponencias, y  de hecho, veo ponencias. Yo no critico la lectura y consumo todo tipo de libros, hasta los que sé que no me van a gustar por si me aportan una sola cuestión. Pienso que es bueno, cuando estás empezando, empaparte de según qué cosas que también ayuden a identificarte con un lenguaje y le den forma y palabras a determinadas ideas. Que te reconozcas dentro de algo y puedas profundizar sobre ello. Creo que eso es importante. Creo que puede ayudar. Y creo que, una vez se han consumido según qué contenidos, lo más fundamental, obviamente, es ver fútbol. Y el mayor trabajo de un entrenador en espacios de no competición es ver fútbol. Y creo que todo, en esos espacios entre temporada finalizada y pretemporada por empezar, nos hemos liado la cabeza a cuadros de Excel, a PowerPoint, a tablas de mi modelo de juego, a dibujarnos las cuatro fases y principios y subprincipios… y creo que para nada ese tipo de cuestiones son las que debemos priorizar en momentos en que no estamos compitiendo. Debemos trabajar por ampliar nuestro conocimiento. Y para eso hay que ver mucho fútbol. Para mí, muchísimo. Me parece fundamental.

Yo, en este caso, con Rubén, establecimos una primera rutina en la que viajamos por diferentes zonas y diferentes países. Y más que íbamos a hacer, para interactuar con profesionales y, a partir de ahí, aprender, valorar, reafirmarse en según qué cuestiones, ver aquello a lo que más se atiende o que parece más importante… A su vez, seguir construyendo marcos teóricos para, precisamente definir cómo queremos transmitir ese conocimiento por medio del entrenamiento. Y ahora durante el confinamiento, creo que está siendo una de las épocas, por esta desgracia, de mayor productividad. Prácticamente no me tengo que establecer rutinas pero sí que tengo espacios coincidentes en horario todos los días donde invierto muchísimo tiempo. Sí que me voy definiendo contenidos que quiero abordar. En algunos casos, en relación al juego. Si quiero atender a lo que hablábamos antes de transiciones ofensivas, transiciones defensivas, criterios de éxito en los desmarques de un delantero centro, formas de superar a un oponente por parte de los mediocentros… Y a veces por cuestiones que me parece que son prácticas de cara a una siguiente aventura: cómo pretendemos presentar la información del equipo rival a nuestros jugadores; en protocolos previos al entrenamiento en función de los contenidos que vayamos a presentar en ese entrenamiento, en momentos más próximos a partido, en momentos más alejados a partido porque luego se va a relacionar con el contenido de campo durante toda la semana… Todo ese tipo de cuestiones. Espacios para ambas cosas. Espacios para ampliar conocimiento del juego y espacio para construir marcos teóricos que nos permitan ser eficaces en el momento en que estemos entrenando.

FdB: No te pregunté antes porque quería meterlo en esta pregunta. Hace ya varios años escribiste un libro. ¿Cómo llegas a eso?

F.B: Es un libro que costará que alguien me haya visto promocionar porque, en primer lugar, hay muchas ocasiones en las que lo que pensaba ayer, hoy ya no lo pienso. Fruto de la reflexión, del conocimiento, de la experiencia… Y me parece de un atrevimiento casi insolente el hecho de que con 17-18-19 años escribas un libro para entrenadores de fútbol cuando tu experiencia como entrenador de fútbol es mínima y a unos niveles muy bajos todavía, por tanto, es algo que creo que no volvería a hacer. Se me ha propuesto muchas veces a raíz de ese libro hacer un segundo pero creo firmemente que no es lo mío. A mí lo que me hace desvivirme es entrenar, ser entrenador o formar parte de un staff, como en este caso el de Rubén, un entrenador preparadísimo, que me hace mejor y que, a su vez, va a tener un margen de progresión altísimo del que espero formar parte porque hay una relación muy interesante. Yo no soy escritor, no soy ponente, no soy conferenciante. Es algo que lo tengo claro.

Mira, el libro yo lo hago por una experiencia personal que tengo en un momento dado. Se va una persona, entonces es una persona con la que yo ocupaba una parte de mi tiempo amplísima, y decido ocupar ese tiempo escribiendo. No tenía intención de nada, pero al final, ¿sobre qué escribes? Sobre lo que te gusta, que es el fútbol. Yo empiezo a escribir contenido como el que estábamos tratando: qué es importante en una pretemporada, qué es importante en un entrenamiento, cómo trabajaría tal cosa…

Y llegado un momento acumulo un texto completamente desordenado de determinadas inquietudes que suman 30.000-40.000-50.000 caracteres, no sé. Siento que ya no puedo avanzar más, pero siento que es un contenido chulo. Me pongo en contacto con Antonio Dopazo, que es un doctor en filosofía espectacular; y con Miguel Canales, que es un periodista deportivo orientado mucho al juego, a la táctica, al Milan de Sacchi. Y les paso el contenido y les digo: qué os parece si hacemos una primera parte sobre este tipo de temática a la que se enfrenta un entrenador cuando empieza un proyecto, cuando tiene que llevar a cabo un plan de partido… y metemos una segunda y una tercera parte donde ellos tienen más protagonismo relacionada con la figura del entrenador, sobre el juego, supuestos prácticos, etc. Y se hicieron contenidos chulos. Recuerdo un espacio en el que se analizaba, ya entonces, duelos entre el Chelsea de Mourinho y el Barcelona de Rijkaard, un documento espectacular sobre el Milan de Sacchi, cómo presionaba, cómo atacaba… Y se juntó una cosita curiosa que enviamos a 2-3 editoriales. Una de ellas dijo que sí y el libro fue para delante.

FdB: ¿Y libro que recomiendes?

F.B: Durante esta cuarentena he vuelto a sacar del cajón y estudiar con brío los volúmenes publicados por Alex Sans y César Frattarola.

FdB: Una persona que recomiendes.

F.B: ¿Personas que recomiendo? Personas con las que yo tengo la suerte de interactuar y que me hacen mejor. En primer lugar, por supuesto, Rubén de la Barrera. Luego, mencionar también a Dani Fernández, que está en Barcelona con la Federación Catalana, Federación Española y en la Damm. Pere Romeu, que está en el Cadete A del FC Barcelona. René Martínez y Nacho Villamía, que llevan ahora dos temporadas en División de Honor y entrenan actualmente al Ilicitano, el Elche B, de Tercera División o Manu Fernández, que actualmente entrena al Madrid juvenil y Sergi Runge. Es gente de la que yo me nutro, con la que comparto, con la que discuto y que me hacen mejor.

FdB: ¿Cómo afecta tu vida profesional a tu vida personal?

F.B: Afecta. Yo creo que, en este caso, tengo la suerte de tener una pareja estable, que acepta y comprende cuál es mi profesión. Que sabe la pasión que esto me despierta y lo importante que es para mí. Que me sigue pero que tiene su vida, su trabajo y sus espacios allá donde vamos.

Por lo demás, afecta, pero somos auténticos privilegiados que podemos vivir en diferentes países, conocer diferentes culturas e invertir prácticamente todo nuestro tiempo en algo que nunca dejará de despertarnos curiosidad e inquietud.

 

Muchas gracias Fran

@Futbeltran

#maletayfútbolFdB

#maletayfútbolFranBeltran

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